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LA INMIGRACIÓN SUIZA Y LA COMSO (1946-1963)       127



              Primera fase: El llamado del oro verde


              La primera posguerra dio inicio a un nuevo flujo emigratorio de suizos, en el cual
              la República Argentina fue el destino más importante en América, luego de que
              Estados Unidos estableciera cupos de ingreso para la inmigración. Esta fase
              empezó con la primera posguerra (1918) y se extendió hasta principios de 1930.
                 En ese entonces, América del Sur mantenía las puertas abiertas a la inmi-
              gración, y en ella, Argentina se había posicionado como un país en pleno creci-
              miento. En Suiza el bienio 1921-1923 acrecentó las dificultades, generó
              desempleo urbano y una nueva crisis entre los pequeños productores agrarios
              debido al descenso de los precios por la primera posguerra. En este contexto,
              Misiones era promocionada como la tierra donde fluía "la leche y la miel" (Meier
              1969: 2; Müller 1994: 16; y Weyreuter 1992: 20).
                 Los emprendimientos colonizadores dieron inicio a la llegada de inmigrantes
              suizos de un modo más organizado. El primero fue impulsado por Eugenio
              Lagier, quien proyectó la colonia de Santo Pipó en tierras que formaban parte
              de los "Campos de Roca de Misiones". Como Lagier era extranjero, fue su amigo
              Leiva quien adquirió las tierras a ser colonizadas: se fraccionaron lotes de 100
              hectáreas, evidenciando que se planificaron propiedades de tamaño mediano-
              grande, sobre todo si se tiene en cuenta que en ese entonces el promedio de
              una chacra en otras colonizaciones era de 25 hectáreas.
                 Mientras Eugenio Lagier organizaba la colonización, se vinculó con el gobierno
              suizo para informar de la fertilidad de esas tierras, pero además en forma personal
              escribió a sus compatriotas para interesarlos en la implantación de yerbales. Espe-
              cialmente se puso en contacto con los futuros agrónomos de la Escuela Politécnica
              Federal de Zurich (Eidgenössische Technische Hochschule – ETH) y de la Academia
              de Lausana (más tarde conocida como École polytechnique de l’Université de Lau-
              sanne – EPUL). En la ETH el profesor Andreas Sprecher von Bernegg –especialista
              en la investigación de plantas tropicales– describió con entusiasmo la Ilex paragua-
              riensis (yerba mate) y aconsejaba a sus estudiantes no ir solamente a Java a plantar
              cauchera o al África palmeras de aceite, sino ir a la Argentina, a plantar yerba mate
              en Misiones (Ziman y Scherer 1976: 167). Alberto Roth cuenta que este profesor decía
              que era "el país de las maravillas, del que se decía que la fecundidad era tal que ese
              pequeño pedazo de tierra podía alimentar a toda la humanidad" (Roth 1985: 6-7).
                 Es necesario recordar que a principios del siglo XX los yerbales naturales se
              habían agotado y la economía extractiva llegaba a su fin, en tanto que el cultivo
              de la yerba mate iba ganando terreno poco a poco (Bolsi 1976). En San Ignacio
              es donde se encuentran los antecedentes de los yerbales de cultivo. Entre sus
              propulsores se destacó Julio Ulises Martin, un inmigrante suizo francés prove-
              niente del cantón de Vaud, quien luego de arribar en 1885 a la Argentina se
              estableció en Paraguay. Mientras estaba allí, el presidente Roca le escribió en
              una carta personal: "Usted, señor Martin, se propone hacer en el Paraguay lo
              que nosotros necesitamos hacer aquí. […] plante yerba mate en nuestro país y
              haga sus plantaciones en nuestras colonias de Misiones" (Martin & Compañía
              2004: 48). Este llamado del oro verde pronto tuvo su eco, y a fines de 1902,
              Martin vino a Posadas para reunirse con el gobernador Juan José Lanusse, quien
              le recomendó que se asociara con su yerno Pablo Allain, otro suizo que experi-
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