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LUIS FERNANDO RUEZ, EL MÉDICO DE LOS INDIOS EN MISIONES (1931-1967) 79
1964
En diciembre de 1921 en Charata (Chaco) cayó un rayo en una fuente
y mató a ocho hombres que estaban a 10 metros del pozo. A mí me
llamaron cuando pasó ese desastre, pero yo me negué a ayudar por-
que no tenía el permiso para actuar como médico en la Argentina. Y
cuando en la noche rezaba mi rosario, de repente vi a Jesús, sin luz.
No tuve ningún temor, me daba la impresión de que había alguien
que me daba una orden militar, no sé lo que quería de mí. Jesús me
miraba muy serio y yo tenía que mirarlo en sus ojos continuamen-
te. Entonces me preguntó: “¿Por qué no ayudaste?”. Yo respondí:
“Señor, tú sabes que aquí yo no soy médico”. Jesús respondió: “¡Yo
quiero que tú atiendas a todos!”. Su mirada era muy amigable y sentí
una satisfacción y un sentimiento de mucha alegría. Contesté: “¡Sí,
Señor!”. Levantando la mano, esa visión desapareció. Declaración
bajo juramento. Sello: Dr. Luis F. Ruez, Médico de Salud Pública
Matrícula 29.576-45”. (Familienchronik ms.: 305)
Este conmovedor relato de la visión que había tenido hacía más de cuatro
décadas fue dictado por Ruez a alguno de sus familiares porque la letra
es distinta de la suya. Es probable que se encontrara ya incapacitado de
escribir a causa del derrame cerebral que había sufrido.
En 1965 presenció la recepción de su hija Marta como maestra en la Es-
cuela Normal N.º 3 de Puerto Rico. Dos años más tarde, el 29 de noviembre
de 1967, Luis Fernando Ruez falleció a la edad de ochenta y dos años, sin
poder olvidar su querida Baviera a la que nunca regresó.
En una nota necrológica publicada en el diario El Territorio puede leerse:
Su más preciado título lo obtuvo hace algunas décadas cuando fue
designado protector del aborigen por su constante desvelo e interés
por los indios, a quienes visitaba en sus reducciones y tolderías cu-
rándolos y llevándoles remedios para aliviar sus enfermedades. Su
infatigable accionar encontró el 29 de noviembre su eterno descanso
en la ciudad de Puerto Rico, donde el pueblo todo le rindió sincero
homenaje en el sepelio de sus restos. (Recorte periodístico sin datos,
facilitado por Enrique Ruez)
Es llamativo que en este obituario el periódico mencione la actividad de
Ruez con los indígenas como la más relevante, haciendo alusión al título de
“protector del aborigen”, de cuyo efectivo nombramiento no hemos encon-
trado información.
La casa que fue su hogar en Puerto Rico, la que compartió con Matilde
y que aún permanece vívida en el recuerdo de los hijos, ha sido objeto de
un proyecto por parte del Municipio de Puerto Rico para ser adquirida a
sus actuales dueños e incorporada al “patrimonio municipal” con el fin de
convertirla en museo . Sin embargo, hasta la fecha no hubo noticias alen-
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tadoras al respecto.
56 Archivo del Concejo Deliberante de Puerto Rico, ordenanza 74/13, por la cual se esta-
blece la compra del inmueble para ser incorporado al “patrimonio municipal”.

