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76          MARÍA CECILIA GALLERO Y MARILYN CEBOLLA BADIE



              El escribano Miguel Ángel Alterach, a quien entrevistamos en 2012
           cuando tenía ochenta y nueve años, había sido designado ministro de
           Asuntos Sociales en 1954 y recordaba muy bien al doctor Ruez: “[E]ra
           un filántropo, muy culto, un libro abierto”. En varias ocasiones lo visitó
           y charlaron sobre los problemas sociales de la zona. En esa época hubo
           una epidemia de varicela entre los aborígenes, el Ministerio del Interior en-
           vió vacunas antivariólicas. Con los doctores De la Vega y Amarilla organi-
           zaron una campaña, en la que también participó la Gendarmería Nacional.
           Recorrieron las rutas 12 (costa del Paraná) y 14 (costa del Uruguay), de
           tierra en su mayor parte, vacunando a los indígenas que vivían en comu-
           nidades cercanas a estos caminos.
              El trabajo que había realizado Ruez con los aborígenes propició que lo
           visite en San Pedro el director de Salud Pública de la provincia en compañía
           del recién nombrado inspector para la “protección de indígenas” el 14 de
           agosto de 1955. Ruez especifica que el proyecto que había “presentado
           para la colonización de los indígenas, lo que yo había enviado hace diez
           años atrás al gobierno Buenos Aires, fue aceptado y está siendo realizado.
           Finalmente me dejaron 6.000 pesos, vestimenta y alimentos para distribuir
           entre los indígenas”. (Familienchronik ms.: 296)
              Un mes más tarde de esta visita, se produjo la “revolución libertado-
           ra” (16 de septiembre de 1955) que puso “fin al proceso institucional re-
           cién iniciado” (Alterach 2012: 54) y truncó este proyecto, no habiendo más
           menciones al respecto en la Crónica. Sin embargo, Ruez siguió visitando
           las aldeas y auxiliando a los indígenas que lo solicitaban. Debido a estas
           actividades, se lo conocía también como el “médico de los indios” , deno-
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           minación que despertaba suspicacias entre los colonos.
              Ruez relata: “mi trabajo de treinta años sobre los indígenas de Misiones lo
           he presentado en la Universidad Nacional de Tucumán. Fue muy bien clasi-
           ficado y estará en el próximo número de la Revista de la Universidad” (Fami-
           lienchronik ms.: 301). Lamentablemente, este escrito parece haberse extra-
           viado pues nunca fue publicado y a la fecha no lo hemos podido encontrar.
              En esta etapa Ruez publicó nuevos artículos, como “Un pueblo camina:
           cómo se fundó San Ignacio” (Ruez 1953), en el que hace una síntesis de la
           migración realizada por jesuitas e indígenas desde una misión en el Guayrá
           (Brasil) a Misiones sobre la base de la obra Conquista espiritual de Antonio
           Ruiz de Montoya ([1639] 1989).
              También “La medicina mágica de los guaraníes” (Ruez 1954a), un inte-
           resante trabajo donde describe los payés , amuletos y prácticas mágicas
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           en los que afirma creían fielmente los peones paraguayos y criollos. A los
           payés de los indígenas guaraníes Ruez los diferencia claramente en su es-


           50    Entrevista a Ida Guldimann de Weidmann, por Marilyn Cebolla Badie, en Ruiz de Mon-
           toya, 24 de septiembre de 2005, y a Ángela Fank, por María Cecilia Gallero, en Puerto
           Rico, 21 de junio de 2006.
           51    Payé (del guaraní paje, amuleto, magia, sortilegio): amuleto que se hace de diversos
           materiales, huesos de muertos, piedras, tallos de yerba mate, plumas de caburé, etc.;
           para que surta el efecto perseguido, debe ser fabricado en determinadas circunstancias
           de tiempo, como Viernes Santo. Estos amuletos, según la creencia popular, protegen de
           desgracias y suministran fuerzas y suerte a quienes lo usan (Grünwald 1977: 78).
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