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LUIS FERNANDO RUEZ, EL MÉDICO DE LOS INDIOS EN MISIONES (1931-1967)  71



                  Nuevamente Ruez hace referencia al valle del Cuña Pirú, al lugar donde
               creemos llevó a Heim y donde buscó al cacique fotografiado en el Bundes-
               kalender; y aunque actualmente Puerto Rico y Cuñá Pirú son localidades
               cercanas, en aquellos tiempos sin caminos había una gran distancia, signi-
               ficando lisa y llanamente ir a vivir a la selva.
                  Unos meses antes, Ruez había manifestado acerca de su cumpleaños se-
               senta: “¡Sesenta años! ¡Sesenta años vividos sin sentido!” (10/5/1945; ibid:: 278).
                  Pero pronto esta sensación de desasosiego cambiará: en 1946 contrajo
               matrimonio con Matilde Emilia Anna Simek , una joven de veintitrés años
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               que lo acompañaría por el resto de su vida.
                  Ruez escribe el mismo día del casamiento civil: “Gracias a Dios, hay una
               mujer en la casa, se terminó la miseria y la bronca con las caseras” (ibid.:
               280), y el año siguiente, justo antes de cumplir años, tuvo lugar el matrimo-
               nio religioso:

                     Hoy por la mañana gracias al nuevo párroco de Puerto Rico pude
                     casarme. Padre Humberto Walter, procedente de Silesia (opositor a
                     los nazis, fue encarcelado por ellos medio año), en la capilla de las
                     hermanas del colegio, ante el altar tallado por mí, con Matilde fuimos
                     unidos por la Iglesia según el rito. La simple ceremonia decorada y
                     organizada con todo el esplendor litúrgico quedará como un lindo re-
                     cuerdo toda mi vida. He encontrado una gran dicha con mi segunda
                     esposa, que nunca habría esperado. Es una buena ama de casa, una
                     camarada que ayuda a sobrellevar todas las penas y alegrías, y me
                     envuelve en un amor solícito, me hace todo el bien que puede hacer,
                     todo con humor. Es una joven del sol bendecida. Agradezco por ello
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                     a Dios y a Santa María . (Ibid.: 283-284)
               Matilde recordaba que cuando se casaron fueron de luna de miel a caballo
               al Salto Encantado (Aristóbulo del Valle), se hospedaron en el destartalado
               hotel de un alemán y hasta allí acudieron los indígenas a visitarlos caminan-
               do desde Cuña Pirú. Ella escuchó que a su marido le decían pa’i, lo cual
               denotaba la relación de familiaridad que tenían con Ruez; era obvio que
               los había ayudado en algún problema de salud y le profesaban respeto, ya
               que los guaraníes denominan pa’i a los líderes religiosos, quienes también
               tratan las enfermedades (Cebolla Badie 2016).
                  Durante el gobierno de Aparicio Almeida (1947-1949) cuando Ruez reci-
               bió ayuda en alimentos para los indígenas. Matilde nos relató que una vez
               al mes llegaban bolsas de harina, sal, latas de grasa, entre otros alimentos
               no perecederos que Ruez llevaba personalmente con su camioneta a las
               aldeas de la zona de Cuña Pirú.



               37    El 12 de junio de 1946 contrajeron matrimonio en el Registro Civil de Puerto Rico, y
               casi un año más tarde, el 10 de mayo de 1947, lo hicieron por iglesia, luego de que Matilde
               abjurara de la religión neoapostólica y profesara la fe católica. Archivo del Registro Civil y
               de la parroquia San Alberto Magno.
               38    Su hijo Luis Carlos en Leandro N. Alem atesora una talla en madera de la Virgen María
               que hizo Ruez en 1937.
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