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70          MARÍA CECILIA GALLERO Y MARILYN CEBOLLA BADIE



           nes en general eran monolingües (Cebolla Badie y Gallero 2016), los obstá-
           culos que con seguridad hubo en la comunicación mutua otorgan aún más
           valor a la información obtenida por Ruez sobre los conocimientos indígenas
           de las plantas medicinales y sus prácticas asociadas.
              La segunda visita fue la de Arnold Heim, un reconocido investigador
           de la Universidad de Zúrich, quien realizó una extensa publicación sobre
           su viaje a Sudamérica (Heim 1967). El 30 de diciembre de 1943, Ruez lo
           recibió por intermedio de su vecino, el cónsul suizo E. Meili. En el diario
           personal de viaje, Heim relata que “junto con Mayntzhusen [Ruez] es el
           único en este territorio que se interesa científicamente por los indios en
           vías de extinción” (Heim 1943: 186). Por su parte, Ruez relata que lo llevó
           “al monte a ver una tribu de indígenas” y que “el doctor Heim estaba con-
           tento de lo que encontramos” (Familienchronik ms.: 272). Ambos fueron
           acompañados por el hijo de Ruez, Erwin, y su yerno Hans Nieslony. Por
           su parte, Heim precisa que lo atrajo la curiosidad de “conocer a los indios
           primitivos del Paraná superior”.
                 Como de costumbre, pregunté por los antiguos indios, pero el único
                 interesado en ellos era el médico, doctor Ruez. […] Casualmente pasó
                 por allí su cuñado Nieslong [sic], quien había sido adoptado por los in-
                 dios chiripá, una subtribu de los guaraníes, y se ofreció a conducirme
                 hasta aquellos primitivos, que vivían apartados en la selva. Desde el
                 extremo de la carretera seguimos por un caminito, bosque a través,
                 y en dos horas llegamos a un calvero en el que se levantaban tres
                 chozas de madera y bambú. El jefe, una figura de aspecto lamentable,
                 se presentó con una gorra roja y pantalones rotos y mugrientos. Los
                 hombres se servían aún de grandes arcos, con flechas de 1,7 metro
                 de longitud. Las mujeres y los niños, como los hombres, iban cubier-
                 tos con telas europeas; la muchacha llevaba incluso una falda negra.
                 Algo menos degenerado parecía el huerto, con maíz, patatas, calaba-
                 zas, sandías, cebollas, mandioca y mijo. (Heim 1967: 178)

           Como vemos, Heim se sentía decepcionado por estos guaraníes que des-
           cribe como “semicivilizados” y estaba más interesado en los aché-guayakí,
           “salvajes totalmente primitivos”, a los cuales tratará de encontrar más ade-
           lante en territorio paraguayo.
              Heim en su diario agrega que la casa de Ruez “está un poco venida
           abajo”, es decir, en mal estado. Es de suponer que las tareas hogareñas
           no fueran una prioridad, sí en cambio realizar expediciones y trabajar en el
           proyecto de fundar una colonia indígena. En noviembre de 1945 Ruez escri-
           be que luego de una expedición a Paraguay “con bote en el río . Estoy de
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           vuelta de un viaje que duró casi tres semanas. Casi me morí de disentería,
           y mi acompañante de malaria”. También dice: “Por fin llegó la autorización
           definitiva para Cuña Pirú. Solo debo buscar una casa. Eso será difícil. Me
           resulta difícil dejar mi hermoso hogar” (Familienchronik ms.: 279).


           36    El río Tembey, en el departamento de Itapuá, en el sureste de Paraguay, desemboca
           en el Paraná aproximadamente a 10 kilómetros al norte de Puerto Rico.
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