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98 ERNESTO F. ALEMANN / TRAD. LAURA MABEL ZANG
innecesaria e incluso un lujo superfluo en la mayoría de las empresas de
colonización. Este punto se deja en manos de los colonos, que contribuyen
ellos mismos a medida que aumenta la riqueza, y no se tiene en cuenta
que los fracasos al principio no pueden remediarse más adelante. Y se ha
demostrado que una generosa combinación de practicidad y belleza es una
ventaja para la propia colonia que no debe subestimarse.
Eldorado, la colonia modelo de la región del Alto Paraná y de toda
Argentina, es un ejemplo elocuente de esto.
Cuando el señor Adolfo J. Schwelm comenzó a montar su colonia hace
seis años, que hoy incluye las colonias Tornquist de Montecarlo, Puerto Rico
y San Alberto [Véase mapa N°1] en la gran empresa “Compañía Eldorado,
Colonización y Explotación de bosques S.A.”, enfrentó exactamente las
mismas dificultades que todo colonizador de la selva tiene que superar. Podría
haber tomado el camino de sus predecesores, que consistía en limpiar y
ampliar los caminos existentes en las zonas designadas para la colonización,
todos los cuales habían sido explotados para obtener madera valiosa hace
muchos años, o abrir un camino principal sin largos preparativos, hacer
inspeccionar el terreno por ambos lados y comenzar a venderlo. El señor
Schwelm prefirió probar nuevos métodos, lo que en los primeros años le
valió, naturalmente, el desprecio y el ridículo de los “expertos” de esta región
y especialmente de los “expertos” en cuestiones de colonización.
Mapa N° 1: ubicación de las colonias Puerto Rico, Montecarlo
y Eldorado en el Alto Paraná empleado en un medio publicitario
emitido por la Compañía Eldorado

