Page 98 -
P. 98
96 ERNESTO F. ALEMANN / TRAD. LAURA MABEL ZANG
Podrás soñar maravillosamente en este viaje. Dejas pasar el paisaje
con asombro y alegría, disfrutas del humo del cigarrillo, ves el monte en
formaciones siempre nuevas, plantaciones, puertos, casas, chozas, de
vez en cuando ganado pastando y luego de nuevo rocas desnudas y
erosionadas que se elevan abruptamente desde la orilla. En el juego de su
imaginación verás el castillo medieval, saludarás a las almenas y al noble
ladrón que acecha el comercio pacífico y le impone pesadas cargas para
poder transportar su valiosa madera, frutas y pieles hacia el sur sin ser
molestado. Pero la roca permanece allí como si nadie la hubiera tocado
jamás, y probablemente así será. El Alto Paraná no tiene mucho pasado,
1
como los principales ríos de Europa. Los jesuitas y su trabajo, que es
realmente sorprendente, son lo único. Pero se le abre un futuro que ni
siquiera la fantasía más rica puede imaginar hoy.
Lo que habrá en el Alto Paraná dentro de años o décadas no tiene
conexión con el pasado. Un día se levantarán villas y fincas, tal vez antes
de lo que muchos pueden soñar hoy, en las altas laderas de ambas orillas
de este magnífico río, donde el nervioso y sobrecargado habitante de la
ciudad, que huye del frío, húmedo y feo clima de Buenos Aires durante los
suaves meses de invierno, encontrará descanso y nuevo trabajo. La vista
desde estas colinas se extiende mucho más allá del río. Hoy es posible ver
el curso eterno de las aguas marrones, uno o dos barcos cada día. En un
futuro no muy lejano el río estará ocupado como resultado del creciente
tráfico que acompañará el poblamiento del país. Y el número de turistas que
hoy viajan a las Cataratas del Iguazú, todavía en cantidades relativamente
pequeñas, aumentará porque otros destinos harán más variado el viaje.
Uno de estos destinos será Eldorado, y ya lo es hoy.
La cantidad de curvas erosionadas de la roca basáltica que hay en
el Alto Paraná para abrirse camino hacia el océano es infinita. Luego,
en un recodo que duplica el ancho del río, aparece una zona verde con
acogedoras casas residenciales en la cima: Puerto Mineral, el puerto de
un gran asentamiento yerbero de Martín y Cía. Mujeres, hombres y niños
vestidos de fiesta esperan al vapor en el puerto. De lejos se nota que es
domingo. La preferencia de las mujeres por el color rojo es peculiar. Algunas
prendas de vestir son definitivamente rojas, y los hombres también parecen
preferir pañuelos o cinturones rojos.
Ochenta horas después de salir de Buenos Aires, llego a Eldorado,
el asentamiento alemán cuyo rápido desarrollo ha llamado la atención. El
viaje se prolongó diez horas porque la niebla bloqueaba el paso incluso al
piloto más experimentado. Lo que se pierde en tiempo, se gana en un mejor
1 Todas las notas son de de la Traductora. El establecimiento de los Jesuitas en el territorio
de Misiones se remonta a finales del siglo XVII y estuvo conformado por un grupo de
treinta pueblos situados en las zonas fronterizas de los países de Paraguay, Brasil,
Argentina y Uruguay. Tuvieron una organización económica centralizada y pudieron lograr
la reproducción de la yerba mate por medio de la siembra. En 1767 se produjo la expulsión
de los jesuitas y, según Ernesto Maeder, esto provocó la dispersión y disminución de la
población de las reducciones a causa del aumento de la mortalidad. Véase Maeder, E.
(1996); sin embargo, en otro trabajo, Massimo Livi Bacci y Ernesto Maeder sostuvieron que
esta dispersión fue producto de la emigración. Véase Livi Bacci, M. y Maeder, E. (2004).

