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96          ERNESTO F. ALEMANN / TRAD. LAURA MABEL ZANG


                Podrás soñar maravillosamente en este viaje. Dejas pasar el paisaje
           con asombro y alegría, disfrutas del humo del cigarrillo, ves el monte en
           formaciones  siempre  nuevas,  plantaciones,  puertos,  casas,  chozas,  de
           vez en cuando ganado pastando y luego de nuevo rocas desnudas y
           erosionadas que se elevan abruptamente desde la orilla. En el juego de su
           imaginación verás el castillo medieval, saludarás a las almenas y al noble
           ladrón que acecha el comercio pacífico y le impone pesadas cargas para
           poder transportar  su valiosa madera,  frutas  y pieles  hacia  el sur  sin  ser
           molestado. Pero la roca permanece allí como si nadie la hubiera tocado
           jamás, y probablemente así será. El Alto Paraná no tiene mucho pasado,
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           como  los  principales  ríos de  Europa. Los  jesuitas   y su  trabajo,  que  es
           realmente  sorprendente,  son  lo  único.  Pero  se  le  abre  un  futuro  que  ni
           siquiera la fantasía más rica puede imaginar hoy.
               Lo que habrá en el Alto Paraná dentro de años o décadas no tiene
           conexión con el pasado. Un día se levantarán villas y fincas, tal vez antes
           de lo que muchos pueden soñar hoy, en las altas laderas de ambas orillas
           de este magnífico río, donde el nervioso y sobrecargado habitante de la
           ciudad, que huye del frío, húmedo y feo clima de Buenos Aires durante los
           suaves meses de invierno, encontrará descanso y nuevo trabajo. La vista
           desde estas colinas se extiende mucho más allá del río. Hoy es posible ver
           el curso eterno de las aguas marrones, uno o dos barcos cada día. En un
           futuro no muy lejano el río estará ocupado como resultado del creciente
           tráfico que acompañará el poblamiento del país. Y el número de turistas que
           hoy viajan a las Cataratas del Iguazú, todavía en cantidades relativamente
           pequeñas, aumentará porque otros destinos harán más variado el viaje.
           Uno de estos destinos será Eldorado, y ya lo es hoy.
               La cantidad de curvas erosionadas de la roca basáltica que hay en
           el  Alto  Paraná  para  abrirse  camino  hacia  el  océano  es  infinita.  Luego,
           en un recodo que duplica el ancho del río, aparece una zona verde con
           acogedoras casas residenciales en la cima: Puerto Mineral, el puerto de
           un gran asentamiento yerbero de Martín y Cía. Mujeres, hombres y niños
           vestidos de fiesta esperan al vapor en el puerto. De lejos se nota que es
           domingo. La preferencia de las mujeres por el color rojo es peculiar. Algunas
           prendas de vestir son definitivamente rojas, y los hombres también parecen
           preferir pañuelos o cinturones rojos.
               Ochenta horas después de salir de Buenos Aires, llego a Eldorado,
           el asentamiento alemán cuyo rápido desarrollo ha llamado la atención. El
           viaje se prolongó diez horas porque la niebla bloqueaba el paso incluso al
           piloto más experimentado. Lo que se pierde en tiempo, se gana en un mejor

           1  Todas las notas son de de la Traductora. El establecimiento de los Jesuitas en el territorio
           de Misiones se remonta a finales del siglo XVII y estuvo conformado por un grupo de
           treinta pueblos situados en las zonas fronterizas de los países de Paraguay, Brasil,
           Argentina y Uruguay. Tuvieron una organización económica centralizada y pudieron lograr
           la reproducción de la yerba mate por medio de la siembra. En 1767 se produjo la expulsión
           de los jesuitas y, según Ernesto Maeder, esto provocó la dispersión y disminución de la
           población de las reducciones a causa del aumento de la mortalidad. Véase Maeder, E.
           (1996); sin embargo, en otro trabajo, Massimo Livi Bacci y Ernesto Maeder sostuvieron que
           esta dispersión fue producto de la emigración. Véase Livi Bacci, M. y Maeder, E. (2004).
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