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ORO VERDE Y TIERRA ROJA 91
Iguazú. La costa paraguaya todavía está envuelta en espesos velos de
niebla. Pequeñas lanchas a motor, que servían para controlar el tráfico entre
Posadas y [la ciudad de] Encarnación de enfrente, se desprenden del muelle
y desaparecen en la niebla. Este es el paraíso de los estafadores. Los licores y
puros del Paraguay son baratos y muy buscados, y el consumidor argentino,
aunque esté lleno del más alto patriotismo y sea funcionario del Estado, está
feliz de renunciar a pagar el tributo que debe al erario. Una prueba más de
la afirmación de que el patriotismo suele acabar en bromas. Estados Unidos
no sólo tiene su rey contrabandista, Misiones también se enorgullece de
tener un representante capaz en la industria del “contrabando de alcohol”.
Lo veo en el interior de una fonda: fuertemente armado, el revólver
al cinturón, el cuchillo en la bandolera, con poncho, espuelas largas y un
sombrero flexible de enormes dimensiones. Tal vez como nos vestiríamos
para una fiesta de disfraces. Ni siquiera faltaba el ojo de águila. En cualquier
caso, sus clientes elogian sus principios empresariales. Su honestidad llega
incluso hasta el punto de que las muestras y los productos entregados
coinciden. Y eso es mucho decir cuando se trata de licores paraguayos.
El “Bermejo” se despide de Posadas con una puntualidad irrisoria, se
dirige directamente a Encarnación, fondea allí al cabo de un cuarto de hora
y permanece allí dos horas. No en el muelle, construido hace tiempo con un
gran coste y que se adentra en el río, ya que sólo es apto para caminantes
atrevidos y aventureros que quieran pescar desde su punto final: hay que
confiar en una embarcación si se quiere pisar suelo paraguayo. Encarnación
solía ser un importante centro comercial; hoy ya no notas nada de eso o
muy poco. En la amplia calle que sube a Barraza hay pequeños comercios
y casas. Poca vida, no la que pudiera cautivar al desconocido. Un buey
del matadero pasa en un carro boca arriba y con las patas atadas. Aquí se
necesita una asociación protectora de animales. Dejas este lugar sin dolor.
El viaje por el Alto Paraná trae impresiones nuevas y más hermosas.
La costa argentina es inicialmente baja. Se ve la densa selva del lado
paraguayo y un poco más clara enfrente. Las cadenas de cerros se acercan
cada vez más al río hasta que, después de unas horas de viaje, limitan
uniformemente el caudaloso arroyo. El vapor navega de una orilla a otra,
haciendo escala en los innumerables puertos que atraviesan la selva en
la larga ruta de Posadas a Puerto Aguirre. Todos estos “puertos” son en
realidad sólo lugares de desembarco: un trozo de costa libre de selva,
con una cabaña, generalmente un rancho, a veces hecho de madera, y
ocasionalmente incluso una casa con techo de tejas rojas y un jardín limpio.
Los embarcaderos son difíciles de construir e inútiles debido a las enormes
diferencias en los niveles del agua. Construir costosos muelles para cada
nivel de agua sólo valdrá la pena cuando la zona forestal de Misiones
esté densamente poblada. Mientras tanto, se intenta construir puertos en
lugares naturalmente adecuados para este fin debido a sus costas arenosas
y su profundidad. El vapor se detiene a corta distancia, se suelta un barco,
que se levanta en proa para reducir la resistencia del agua, y con cuatro
navegantes de pie, se realiza toda la operación de desembarco o descarga
sin pérdida de tiempo.
El clima que favorece mi viaje es envidiable. Un sol deslumbrante
brilla sobre un cielo claro y puro de un azul improbable y hace brillar en

