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100 ERNESTO F. ALEMANN / TRAD. LAURA MABEL ZANG
pocos kilómetros hasta una serie de rápidos. Sobre uno de estos ríos, el
Piray Guazú, se encuentra una cueva natural de enormes dimensiones.
Pescadores, cazadores, coleccionistas de mariposas y naturalistas
encuentran aquí una amplia gama de opciones. Y por último cabe mencionar
el atractivo principal: la colonia.
Si nos dirigimos hacia el interior, desde el parque se puede ver la
carretera principal, la Picada maestra [o principal], que desciende como una
ancha cinta roja, luego asciende suavemente y finalmente desaparece en
el bosque. La futura plaza del pueblo se encuentra en una colina, alrededor
de la parcialmente despejada “Plaza Dr. Héctor Barreyro”. Aquí es donde la
vida social y empresarial de la colonia encontrará su centro. Aún no está tan
lejos, pero este desarrollo comenzará muy pronto. Cualquiera que vuelva a
visitar Eldorado después de tres o cuatro años no la reconocerá.
Conduces en coche o recorres la carretera principal en una hermosa
mañana de otoño, pasas por las tiendas con artesanos y pronto llegas a
la colonia propiamente dicha. La picada principal se extiende a lo largo de
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treinta kilómetros, de la que se bifurcan las picadas laterales a intervalos
de izquierda y derecha. Te encuentras con jinetes, colonos con carros que
se dirigen al puerto, niños jugando en el camino cerca de una casa de
madera con tejas, escondida a medias entre naranjos y plátanos, y las
personas casi altas que ves son rubias. Rubias y de ojos azules. Amplias
plantaciones se extienden frente a su campo. En primer lugar, mucha yerba,
que fue plantada hace cuatro o cinco años por los primeros colonos, los
daneses del sur, y que este año se cosecha por primera vez. Luego el
maíz, la avena, el trébol, la caña de azúcar, la mandioca, la papa dulce
[batata], el tabaco, la calabaza, etcétera. Palmeras aisladas que se salvaron
cuidadosamente durante la tala del bosque y, de vez en cuando, gigantes
de la jungla especialmente poderosos, por los que el hacha también pasó
por alto por motivos estéticos. Aquí y allá se eleva humo de la tierra recién
quemada, los troncos humeantes cuya madera no merece la pena procesar
y se convierten en cenizas.
La vida en el monte es dura hasta que pasan los primeros años. La
tala del bosque la realizan principalmente peones paraguayos, que son
muy superiores a los europeos en este aspecto. Los troncos más valiosos
se llevan al aserradero (hay tres en Eldorado que no pueden satisfacer la
demanda) y se utilizan para construir casas, el resto se quema. La lucha
contra las malas hierbas comienza con la plantación, que también se
beneficia de la fertilidad del suelo. Pero una vez que el colono ha obtenido
la tierra libre necesaria, ha establecido sus cultivos, tiene en marcha su cría
de cerdos y aves de corral, tiene su casa en orden, con un jardín y árboles
frutales a su alrededor, entonces tiene un activo invaluable: la independencia.
No hay proveedores de alimentos para él. Especialmente los alemanes-
2 La Real Academia Española define a las picadas como “camino o senda abierta por el
hombre a través de la espesura del monte.” Véase Diccionario de Americanismos (2010).
Asociación de Academias de la Lengua Española.

