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personal de la población principal; los rodeos ó rebaños puros son
mantenidos en los potreros más inmediatos á la población princi-
pal; las ovejas son mantenidas en majadas de 1.200 á 2.000, y cui-
dadas por pastores (que reciben un salario mensual ó el 25, 30,
40 ó 50 por ciento del producto de la majada), que viven con sus fa-
milias en habitaciones independientes ó «puestos», que generalmen-
te se hallan ubicados en los límites de la propiedad ó sobre las lí-
neas divisorias de los potreros. En casi todas las estancias de
cría, se explota conjuntamente el ganado vacuno, lanar y yeguarizo,
y son rarísimos los casos donde sólo se explote una sola especie.
En las estancias que se dedican exclusivamente al engorde de ga-
nado vacuno, sólo se tienen las ovejas necesarias para suplir á la
aumentación del personal y el menor número posible de caballos.
Cuando se hace la explotación de la leche en una estancia donde
se cría y engorda ganado, las vacas lecheras son mantenidas en
«tambos» de 150 á 250 vacas, donde están á cargo de «tamberos»
eme las cuidan y ordeñan, y reciben el 40 ó el 50 por ciento de los
beneficios obtenidos por la venta de la leche ó de la crema que ex-
penden á las cremerías ó á las fábricas de manteca. Cuando se
combina la agricultura con la cría ó el engorde de ganado, gene-
ralmente se le confía á familias, á las cuales se entregan 50, 100 ó
200 hectáreas de terreno—en potreros independientes de los que es-
tán ocupados por el ganado—y los complementos y animales de la-
bor necesarios, y abonan el 50 "/„ de los prodirctos líquidos de la co-
secha. Algunas veces el dueño de la estancia sólo suministra la
tierra y los animales de labor, y recibe el 10, el 15 ó el 20 por cíen-
te de la cosecha, pagando el importe de los gastos de trilla, de la
parte que recibe.
La industria ganadera en la Argentina, es uno de los nego-
cios más remuneradores que existen, debido principalmente á los ba-
jos precios de la tierra, de su arrendamiento y del ganado, y á los
gastos reducidos del sistema de crianza extensivo que se efectúa en
prados naturales. La proporción de los beneficios que se obtengan
depende en gran parte del capital invertido, porque, debido al sis-
tema de crianza, los gastos no guardan una proporción aritmética
con el número de ganado explotado, sino que son relativamente
menores, cuanto mayor sea el capital en ganado; es decir: el cuida-
do de 1.000 vacas cuesta más ó menos lo mismo que el cuidado de
500, y los gastos de entretenimiento de 2.000 vacas son apenas un

