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8                  REGULA ROHLAND DE LANGBEHN



            Esto se realizó en el Cuaderno 2 con textos de tres alemanas de la capa
          burguesa que se vieron confrontadas en la Patagonia con la ruda vida de campo
          y que lograron describir sus propias vivencias. Y es lo que nos propusimos a
          hacer en este Cuaderno 4, con trabajos sobre la vida de varias intelectuales y
          artistas. Se esboza mediante la mayoría de estas historias de intelectuales for-
          madas o autodidactas el perfil de un grupo que expresamente echó de menos
          Newton (1977: 5): las mujeres solas. Entre las siete historias de vida de este
          cuaderno, seis se refieren a mujeres autónomas. Cinco de ellas tuvieron que
          luchar en soledad para su subsistencia y en cuatro casos, para la de sus hijos,
          luego de la pérdida o la separación del marido.
            Un unificador particular y definitorio de este grupo de historias es el peso que
          en ellas ocupa lo personal y afectivo: si hubo matrimonio, el tiempo de la unión
          matrimonial, la cantidad de hijos y el devenir de estos, hechos todos que se
          suelen omitir o tratar de manera muy marginal en la historia de vida de un varón.
          También sorprende el papel de los animales, que en varios casos ocupan el
          vacío afectivo que parece importante en la vida de una mujer, pero raras veces
          en biografías de varones.
            A la pregunta si están en realidad opacadas las mujeres en la historia, se puede
          contestar que, por ejemplo, entre los más de mil nombres del libro Die Deutschen
          in Argentinien de Lütge et al. (1981), no llega a 50 el número de mujeres mencio-
          nadas. Un tercio de los inmigrantes de habla alemana fueron mujeres, pero las
          que se mencionan son menos de un 5% del total en la lista de nombres. En la
          traducción Los Alemanes en la Argentina. 500 años de historia (2017) se agrega-
          ron 12 figuras femeninas, que tampoco cambian sustancialmente este aspecto.
            Esta desproporción tiene que ver con el papel social de la mujer. En las socie-
          dades europeas, cuya estructura social se proyectó al nuevo mundo, la mujer se
          encontraba reprimida debido a tradiciones mediterráneas –las leyes romanas y
          la tradición judía en las estructuras de la Iglesia–, lo que se impuso frente a la
          mayor libertad que la sociedad germánica había reservado para el género. Ello
          se produjo en forma creciente a partir del renacimiento, y solo después de su
          total relegación a un plano de segundo orden durante el siglo XIX, la mujer reco-
          bró a partir de 1900, y superó poco a poco después, el nivel de importancia que
          le cupo en centurias anteriores . Las actividades femeninas se desarrollaban
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          primordialmente en el ámbito del hogar y de la familia, sin proyectarse a la socie-
          dad circundante, como sí pasa con la actividad del varón. Además de cumplir
          con las tareas que le corresponden por su mayor fuerza física y porque engendra,
          pero no gesta a los hijos, en esta tradición el hombre de la casa tomaba el papel
          de mediador con el mundo, que se extendía más allá de la propiedad o del domi-
          cilio regenteado por el matrimonio, realizando las actividades profesionales, las
          de compra y venta, y eventuales viajes. Representaba a su familia en todos los
          aspectos legales y prácticos fuera del recinto común del hogar, hasta el punto
          de que durante siglos la mujer ni siquiera pudo acceder a defenderse en proce-
          sos judiciales. Tampoco era sujeto según su situación legal. Esto se extendía a

          1     Esbocé este panorama en Rohland de Langbehn 2012: 34-41, con una bibliografía más
          amplia. Aquí solo indico tres libros fundamentales sobre la situación de la mujer desde el
          Medioevo en adelante: McLean 1980, Bloch 1991 y Lerner 1993.
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