Page 12 -
P. 12
10 REGULA ROHLAND DE LANGBEHN
En cuanto a las historias que reunimos en el presente Cuaderno 4. llama la
atención en relación a esta temática, que en la segunda mitad del siglo XIX igual
que el de las primeras letras, el ejercicio de la música pudo traspasar los límites
del poderío masculino. Reproducimos la narración autobiográfica de Alwina Phi-
lippi de Kammerath, que pudo mantenerse a sí misma y criar a sus cinco hijos
con clases de piano y canto aproximadamente a partir de 1875, en Rosario (Santa
Fe). Incluso menciona que también su madre Margarita von Schelver de Lanz, al
igual que ella misma, pudo ganarse la vida con clases de música desde más o
menos 1865, en Brasil. En ningún momento menciona problemas, que hubieran
surgido por su condición de mujer: su formación le permitió encontrar un nicho
en el que pudo desarrollar sus capacidades como docente y música y utilizar sus
dotes y su formación para los fines prácticos, que la acosaban cuando quedó
viuda siendo joven y con varios niños. Siendo una mujer independiente y fuerte,
no se convirtió en souffragette o feminista, como habría podido acaecer si su vida
se desarrollaba en Europa o en la Argentina pocas décadas más tarde (tal como
acaeció con Petrona de Eyle), sino que logró llevar una sosegada vida burguesa
en la ciudad en formación a la que el destino la había arrojado. Pese a todo, su
excepcional capacidad de integración y supervivencia no llamó la atención de los
historiadores de la colectividad alemana de Rosario, pues su nombre no aparece
en la Chronik der deutschen Kolonie Rosarios de Erich Elsner (1932), ni su foto en
el álbum Chronik der deutschen Kolonie in Bildern, de Karl Diers (1936).
Se presentan aquí varios tipos de inmigrantes: las aventureras Alwina Philippi,
que buscó un destino fuera de Alemania por amor a su marido, y Carlota Thu-
mann, que se aventuró a un noviazgo a la distancia; las exiliadas, representadas
por Sofía Knoll, Emma Barta y Herta Landshoff; la excepcional historia de Isabel
Reinke, heredera de una sólida fortuna, y finalmente la historia de Rotraud Wie-
land, que llegó con su familia ya formada después de la Segunda Guerra Mun-
dial. Son historias diferentes en su extensión y por las fuentes que permiten dar
cuenta de sus detalles. Tanto la más antigua –una narración autobiográfica–
como así también las últimas de estas historias se acercan a lo vivencial. Sus
autoras conocieron o conocen personalmente a las personas a quienes dedican
su trabajo, de modo que el estrato de memoria está presente con mucha natu-
ralidad. Hizo falta un proceso de aclaración histórica y explicación cultural para
que puedan ser acogidos en esta publicación.
Hay un tipo de inmigración que falta en este Cuaderno y del que no es fácil
encontrar ejemplos: el de las jóvenes que se dirigían solas a Sudamérica por ser
aventureras o para buscar nuevos horizontes. En el primer número del Argenti-
nische Rundschau (1924), revista argentina en idioma alemán, se encuentra un
aleccionador artículo sobre lo que le esperaba a la mujer alemana en los años
de entreguerra que buscaba colocarse en la Argentina. Es el mismo año en el
que la médica Petrona de Eyle fundó la Liga Contra la Trata de Blancas. El anó-
nimo autor del artículo presenta los peligros y las tentaciones, a las que la des-
prevenida inmigrante podía entregarse en la gran urbe, si nadie le ayudaba y la
guiaba. La existencia de este artículo anónimo demuestra que debe haber
habido cierta cantidad de jóvenes alemanas de la burguesía empobrecida o de
las clases humildes que se animaron a buscar nuevos rumbos. Se sabe que
para apoyo de estas inmigrantes o jóvenes de familias germanas que se dirigían

