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EN LAS PAMPAS DE SUDAMÉRICA 133
/1794/ hacia las patas traseras del animal que persigue,
que se trenza en ella y cae al piso.
Las exigencias de los gauchos son por demás modestas.
Viven en ranchos de barro o en casas bajas construidas bur-
damente de troncos de árboles. Soportan estoicamente las
mayores privaciones. No les importa guiar masas sin orden,
de miles de cabezas de vacunos o caballos, de día y noche
por distancias de 300 kilómetros. Sin quejarse, estos curti-
dos hombres acampan, si es preciso durante semanas, en
medio del campo y se conforman con la comida más simple.
Solo no se les debe pedir que caminen a pie. El gaucho pre-
fi ere hacer un desvío de veinte leguas a caballo antes que
caminar media legua a pie. A caballo es valiente y diestro,
más que ningún otro hombre a caballo en todo el globo, pero
si le falta para montar es casi tan torpe como un niño que
recién aprende a caminar. Dotado con el maravilloso sentido
de orientación y el agudo sentido de los indios, los gauchos
se orientan en las planicies inmensas y uniformes hasta en
medio de la noche. Para los dueños de las grandes estan-
cias, en los dominios en los que solamente se cría ganado,
estos hijos de la salvaje naturaleza son imprescindibles. Y
la mayoría de ellos está al servicio de los estancieros, solo
unos pocos poseen sus propios pequeños campos de cría.
En el departamento Río Negro, en la orilla izquierda (orien-
tal) del Uruguay, en el lugar donde el río tiene un ancho de
entre 11 y 16 kilómetros, se encuentra en un entorno pinto-
resco la pequeña ciudad de Fray Bentos, por otro nombre
Villa Independencia, que cuenta con unos 5000 habitantes.
El pequeño lugar es el segundo puerto en importancia de la
República del Uruguay. Fray Bentos llegó a ser por así decir
famosa por la empresa fundada en 1863 por el ingeniero
Giebert, procedente de Hamburgo, en la que se fabrica se-
gún la receta del gran químico

