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EN LAS PAMPAS DE SUDAMÉRICA               135





                    /1795/ Justus von Liebig el extracto de carne que se co-
                 mercializa con el nombre de este erudito. Además de los
                 mataderos y extensos galpones en los que se procesa la
                 carne, el establecimiento comprende, en un área de 2640
                 hectáreas, enormes recintos para la sección de cueros, la
                 llamada grasería con 14 amortiguadores de presión de ma-
                 dera, para fabricar sebo (cada aparato está diseñado para
                 20.000 kilogramos), la casa de las centrífugas, los molinos
                 de huesos y de harina de sangre, la fábrica de grasa comes-
                 tible, el lavadero de intestinos, la fábrica de conservas de
                 lengua, corned beef y productos similares, talleres para fa-
                 bricar y para cerrar las latas, la fundición de hierro, la herrería
                 y la carpintería. El establecimiento es de veras una pequeña
                 ciudad autosufi ciente. Al lado de los edifi cios de ofi cina se
                 pueden ver las casitas pintadas de color claro de los em-
                 pleados casados y, situados en un lugar pintoresco, el pa-
                 bellón del club y la vivienda de los empleados solteros, que
                 tienen a disposición un precioso jardín, salones de lectura
                 y de billard. Además el gran complejo contiene la escuela
                 propia, la biblioteca, un hospital edifi cado en un lugar alto,
                 dirigido por un médico alemán, y fi nalmente la colonia de los
                 gauchos ocupados en el enorme emprendimiento.
                    En las inmensas praderas vecinas de casi 200.000 hectá-
                 reas están pastando a menudo unos 100.000 vacunos, que
                 deben ser cuidados por los gauchos y se carnean por turno.
                 Como por día entran unos 3.000 animales al matadero du-
                 rante los meses de faena, las existencias se acabarían pronto
                 si los troperos (compradores de hacienda) no estuvieran via-
                 jando continuamente por los países del Plata, comprando los
                 mejores vacunos de entre la riqueza animal de esas zonas.
                    El transporte de un numeroso rebaño de vacunos no es
                 para nada fácil. Los gauchos deben ser incansables dando
                 vuelta en sus caballos alrededor del rebaño, para que no se
                 pierdan en el camino cientos de esas cabezas. Una vez lle-
                 gados a los lugares de pastoreo propio,
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