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VIDA Y ACTIVIDADES EN LAS LLANURAS Y LOS SALADEROS DE SUDAMÉRICA  139



               las que nadie llega, que se extienden sobre el agua; cardenales amarillos y
               grises con sus cabecitas coloradas, la viudita, blanca como la nieve, varios
               tipos de gorriones, innumerables tordos y la calandria, el ruiseñor suda-
               mericano –un pájaro gris, nada vistoso, igual que su tocayo en Europa– se
               hacen notar por su canto y su actividad hacendosa.
                  Aunque esta zona inmensa, que tiene seis veces el tamaño del Reich
               alemán, está habitada por ahora por apenas 5 millones de personas, el ca-
               rácter del paisaje ha sido cambiado totalmente por los europeos, en parte
               por plantar sus especies de cultivo, en parte porque se arraigaron muchas
               hierbas malas, pero especialmente por haber introducido nuestros anima-
               les domésticos, que pronto se multiplicaron tanto, que tuvieron que hacer-
               se silvestres porque la fuerza del hombre ya no alcanzaba para mantenerlos
               en estado doméstico. En estado semisalvaje los vacunos quedan reunidos
               en rebaños de hasta mil cabezas por gauchos a caballo, en estancias sepa-
               radas por varias millas. Los gauchos son progenie de los primeros aventu-
               reros y piratas españoles y se destacan por ser bravos e indómitos, por su
               valor, fuerza y destreza. El caballo es su inseparable compañero, el poncho
               sin mangas su vestimenta, espuelas vistosas grandes y pesadas y un buen
               recado constituyen su alegría y su orgullo.
                  No existe la crianza de animales en el sentido europeo, ya que faltan en
               los campos los pastos tiernos y el trébol [alfalfa] y porque al ganado le falta
               el cuidado necesario y la atención, especialmente en invierno (julio y agos-
               to), al carecer de un techo y de pienso. ¿Cómo podrían edifi carse techos
               que los protejan y juntar pienso para el invierno, siendo tan cara la madera
               y tan lerdos los habitantes?
                  Pero el ganado agotado por el invierno se recupera bastante rápido en
               primavera, en los campos renovados. Entonces el dueño respira aliviado
               pues ahora le llegó el momento de la faena y ya espera ansioso al tropero, el
               comerciante en ganados de los estados del Plata. Siendo simples hijos de
               la naturaleza, estos troperos se distinguen por su habilidad social, su pru-
               dencia y su fi delidad. Al comienzo de la temporada de faena el tropero, en
               tanto caballero consumado, va a apersonarse ante el saladerista, vestido en
               su traje negro con reloj y cadena dorada. Aquí en sociedad sabe moverse
               con destreza y propiedad. Sus gestos y movimientos denotan gracia innata,
               su manera de expresarse es agradable y afable. Una vez que ha recibido la
               orden y las instrucciones, se prepara para un largo viaje por la pampa. A los
               caballos les da forraje especial (por día varios puños de granos de maíz), los
               limpia y los cepilla y arregla sus tientos.
                  Acompañado por su peón de confi anza nada más, ahora el tropero se
               pone en camino. Pero no lo hace correr al galope veloz como el salvaje
               gaucho. Anda cauteloso, se acuerda de todo, observando con detención
               los pastos de cada una de las estancias. Ve que el vecino Pérez ha que-
               mado mucha extensión del campo, que su propiedad está sobrecargada
               de animales y que por ello no hay mucha esperanza de poderle comprar
               animales gordos antes de Año Nuevo. Por otro lado, el vecino Francisco
               posee poca agua, su campo es alto, los pastos son duros. Y don Jacinto
               piensa venderle cien vacunos porque necesita dinero, pero los animales
               son de complexión poco vistosa, han sufrido mucho de las garrapatas y
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