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           no es de formación terciaria y dicha llanura consiste casi en todos lados de
           terreno aluvional, que está dotado de una extraordinaria fuerza vegetativa.
           La tierra vegetal llega a uno o dos pies de profundidad; debajo de ella se
           encuentra una arcilla arenosa que se hace más dura cuánto más profundo
           se cava. Agua para beber buena, limpia para el gusto y sana se encuentra
           en todos lados a una profundidad de 36 a 60 pies. No se hallan piedras.
              El clima es extraordinariamente bello, agradable y sano. Es más o me-
           nos el mismo que en el Cabo de la Buena Esperanza y en Nueva Zelanda,
           situadas en la misma latitud y que tienen fama de ser las partes más sanas
           del planeta. El calor del sol, que no supera los 29º Réaumur, no es para
           nada insoportable y no molesta al europeo al labrar el campo, lo que solo
           se interrumpe durante las horas de mediodía. El invierno es breve y suave;
           normalmente en las mañanas se ve escarcha, y al atardecer refresca, pero
           durante el día la temperatura es templada. En consecuencia, los campos
           pueden ser cultivados durante todo el año, lo que los hace tanto más pro-
           ductivos. Las estaciones del año, a consecuencia de la situación geográfi -
           ca, son a la inversa de las europeas. El día más corto es el 21 de junio, y el
           más largo, el 21 de diciembre. Pero el cambio se siente menos que aquí [en
           Suiza], porque el sol nunca se levanta en Buenos Aires antes de las 4 h 48
           min. ni más tarde de las 7 h 10 min.; su ocaso nunca es más tarde que /6/
           a las 7 h 8 minutos ni más temprano que a las 4 h 50 minutos. En Santa Fe
           los extremos están aún menos separados entre ellos.
              Llueve muchas menos veces que en Europa, el cielo casi siempre está
           claro y sin nubes; la lluvia por regla general solo se produce por fuertes
           temporales, los que luego son barridos por el viento del sudoeste llamado
           pampero, fuerte y frío, que libera totalmente el terreno de todos los vahos
           insalubres. También son frecuentes otros vientos y es muy rara una calma
           completa. Las lluvias tormentosas son muy abundantes y satisfacen las
           exigencias de la agricultura, en especial si estas condiciones son tomadas
           en cuenta al labrar el suelo y plantar.
              Las condiciones meteorológicas son tan sanas que no se conoce la fi e-
           bre ni enfermedades endémicas. Los europeos se aclimatan sin problema
           y conservan todo su vigor. Las personas por lo general llegan a más viejas
           que aquí [en Suiza].
              En vista de la composición tan favorable del suelo y de la temperatura,
           la vegetación es muy exuberante. Pero consiste en el sur solamente de
           gramíneas y arbustos; los bosques comienzan recién a la altura de Santa
           Fe y luego se hacen cada vez más tupidos y magnífi cos, cuanto más uno
           va hacia el norte, hasta que al fi nal el carácter de la vegetación se vuelve
           totalmente tropical. Las orillas de los ríos y las grandes islas del Paraná des-
           pliegan ante todo una sorprendente riqueza en árboles, plantas trepadoras
           y magnífi cas fl ores. Las especies madereras son, con pocas excepciones,
           de madera muy dura, pero muchas son muy adecuadas para trabajos de
           carpintería de muebles y carruajes. Entre los frutales los más frecuentes
           son los naranjos y los durazneros, pero todas las especies de frutales euro-
           peos han sido introducidas con éxito. Ante todo la vid crece bien en Santa
           Fe y en las demás provincias. Todos los árboles de los bosques europeos
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