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           Buenos Aires, para la que estuve acreditado para el Tageblatt, y a la que
           asistieron líderes mundiales.
               Mi campo de actividad incluía también viajes de reportaje, como a
           los “gauchos” judíos en Moisés Ville, a los alemanes del Volga en Coronel
           Suárez, a la bodega de la familia Schröder de origen alemán en Neuquén, a
           los Esteros del Iberá o a Villa General Belgrano. En Demmin, en Pomerania,
           informé sobre los médicos argentinos que trabajaban ahí. En Buenos Aires
           asistí a menudo a actos organizados por las embajadas de Alemania,
           Austria y Suiza. Recuerdo especialmente los actos con motivo de los
           aniversarios de la caída del Muro de Berlín o de la reunificación alemana.
           Ocasionalmente también informé sobre eventos de la colectividad alemana
           en Argentina y de cultura.

           Los editores
           Los dos editores dejaron al equipo editorial mucha libertad de escribir.
           Mientras Roberto escribía sobre política, Juan se ocupaba de la economía.
           Hasta los 95 años, este último producía entre tres y cuatro páginas por
           semana. Una carga de trabajo inmensa. Los dos diferían en su estilo de
           redacción. Roberto escribía en la página cuatro de opinión, pero sus
           textos eran en su mayoría descripciones bastante sobrias de un hecho,
           con poca opinión propia. Exactamente al revés, Juan: formalmente escribía
           en la sección “Wirtschaftsübersicht” (Economía), lo que sugeriría informes
           más bien objetivos. Pero sus textos eran a veces artículos de opinión muy
           agudos. Roberto, que era cinco años mayor, fue durante muchos años la
           figura representativa, mientras que Juan permanecía más en un segundo
           plano,  escribiendo  artículos.  Cuanto  mayor  se  hacía  Roberto, más  lo
           relevaba Juan. Roberto murió en marzo de 2020, a la edad de 97 años.
           No hubo servicio fúnebre propiamente dicho, ya que pocos días antes se
           había anunciado la cuarentena para contener la pandemia de Coronavirus.
           A partir de entonces, Juan dirigió la editorial en solitario.

           Mis tareas
           En mi tarea de resumir los acontecimientos políticos semanales, intenté pintar
           un cuadro lo más objetivo posible. Fiel al concepto periodístico de “las dos
           caras de la historia”. Esto no es tan fácil en Argentina, donde la información se
           basa sobre todo en contrastes de blanco y negro. Así, se podría suponer que
           nunca habría una noticia positiva sobre Cristina Kirchner en el diario Clarín, del
           mismo modo que nunca habría un artículo positivo sobre Mauricio Macri en
           Página/12. Orientarse en un panorama mediático tan polarizado no fue fácil
           al principio, sobre todo porque no tenía muchos conocimientos previos sobre
           la política argentina. Mis fuentes incluyeron los diarios más importantes en
           español, los canales de noticias locales, pero también -cuando fue posible-
           conferencias de prensa y mis propias investigaciones y conversaciones.
               Hubo opiniones divergentes sobre la importancia de una sección de
           política argentina en el periódico. Algunos pensaban que era prescindible,
           ya que los lectores locales solían estar ya informados de los acontecimientos
           durante la semana por la prensa diaria en español. Para estos lectores,
           la información sobre temas de Alemania era más importante, a pesar de
           que el Tageblatt había perdido su posición de monopolio en este sentido
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