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SEMBLANZA DE LOTTE FRÖHLICH DE THUMANN            119


























              Una anécdota de esos años ocurrió cuando Lotte estaba en el negocio aten-
              diendo gente y la llamaron para que fuera al cementerio a fotografiar a un difunto
              antes que fuera sepultado. Apremiada por la inmediatez, envió a Gerhard para
              que lo hiciera. Él corrió con la velocidad que le permitían sus catorce años, lle-
              vando la cámara y llegó a tiempo. Cuando levantaron la tapa del ataúd para que
              sacara la foto, se descompuso. "Era la primera vez que mi hijo veía una persona
              muerta...", recordaría su madre en una entrevista.
                 También la llamaban del Regimiento si había alguna ceremonia relevante,
              cuando una visita importante llegaba al pueblo u ocurría algún acontecimiento.
              En el local comercial exhibía las fotos y allí concurrían los vecinos para elegir las
              imágenes de las que luego solicitaban copias.
                 Dietrich y Elmar, el mayor y el menor de los hijos, estudiaron; los del medio no
              pudieron, pero contribuyeron para que lo hicieran los dos hermanos. Persiste en
              la familia el recuerdo de la separación del hogar, cuando cada niño subió al trans-
              porte con el bolso de ropa y un colchón, rumbo al Colegio Don Bosco de la
              Congregación Salesiana y al María Auxiliadora de Junín de los Andes, como ocu-
              rría en esa época con los sanmartinenses que estudiaban en la localidad vecina.
                 Dietrich era mecánico tornero y fue docente de la Escuela Provincial de Ense-
              ñanza Técnica de San Martín de los Andes. Elmar se recibió de Agrimensor y fue
              el primer profesional de esa disciplina que actuó en San Martín de los Andes.
                 En 1969 el diario La Nación de Buenos Aires publicó un artículo en su sección
              "Columnas de la juventud", subtitulado "Fotogenia hasta las cumbres", dedicado
              a Gerhard y su madre. En esa página el joven comentaba que el invierno era el
              período de más actividad comercial.
                 Eso se debía a que los conscriptos que cumplían el servicio militar, entonces
              obligatorio, procedentes de lugares lejanos del país, y que no conocían la nieve,
              cuando la descubrían, iban a Casa Thumann a comprar una cámara para foto-
              grafiarla. Aquellos que no tenían dinero suficiente, adquirían un rollo y tomaban
              las imágenes en las de sus compañeros, las hacían revelar y las enviaban por
              correo a los familiares.
                 Gerhard se especializó en técnicas fotográficas y ventas en Foto Stein, en
              Colonia, la ciudad alemana donde había nacido su madre, entre 1963 y 1965.
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