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116 ANA MARÍA DE MENA
siguió comprar algunas latas, imposibles de encontrar en la provincia de Misio-
nes, debido a que era una rareza en ciudades del interior del país, mucho más
en un sitio como Eldorado, localidad alejada de los centros urbanos.
En la familia hay muchos recuerdos de esos años y también hay imágenes
capturadas por Lotte: de los niños, la vivienda, la flora y la fauna.
Como Eldorado está en zona selvática, originó algunos sobresaltos. En una
oportunidad se escuchaba la risa divertida de Dietrich, que estaba en el patio, y
cuando la madre se asomó para averiguar el motivo de las carajadas, vio a su
hijo jugando con un palo y una víbora de cascabel: la enroscaba, la enganchaba
en él, y la arrojaba, lo que le causaba gracia y generaba la risa estrepitosa que
se oía. Lotte tomó el palo, alejó de un golpe a la víbora y puso a salvo al niño
llevándolo al interior de la vivienda. Cuando Hans regresó se hizo cargo del rep-
til y ella tomó las fotos que se conservan, entre multitud de imágenes misioneras.
En procura de un clima menos agobiante que el misionero, en 1948 Hans
Thumann viajó a la Patagonia para analizar las posibilidades de establecerse
con la familia. Así arribó a San Martín de los Andes, situada en el Departamento
Lácar. Estaba relacionado con otro alemán –oriundo de Simmelsdorf, cerca de
Núremberg– que vivía en el pueblito cordillerano: Don Federico Graef, quien se
había radicado ahí buscando pasar los últimos años en un lugar similar a su
tierra natal, ya que un médico le había diagnosticado escasas expectativas de
vida. Esto no se cumplió para bien del esquí, ya que trazó las primeras pistas
de ese deporte en el Cerrro Chapelco. Por la tarea que desarrolló y en su home-
naje, el refugio construido para albergar a los primeros esquiadores fue bauti-
zado con su nombre y está en pie todavía, siete décadas más tarde.
A Hans lo demoró una nevada, por lo que consultó a Graef sobre cuánto
tiempo estimaba que podía durar la precipitación. La respuesta fue que se pre-
parara para permanecer algunos meses en el pueblo, porque no iba a dejar de
nevar rápidamente. Y fue de ese modo.
Mientras aguardaba un clima que derritiera la nieve de los caminos, Thumann
construyó una casa y le hizo saber a su esposa que podía preparar la mudanza.
Lotte empacó la ropa, los documentos, los muebles… con ilusiones, segura-
mente, encaró ese desafío.
Aprovechando que una familia conocida se dirigía al sur en un camión, viajó
con dos de sus hijos. Recordó muchas veces que se desplazaban de noche,
para evitar que reventaran los neumáticos del vehículo por las altas tempera-
turas del pavimento. También comentaba que había sido una aventura mara-
villosa.
En la Patagonia
En San Carlos de Bariloche terminó el primer tramo del viaje. Desde allí siguieron
hasta Lago Hermoso, donde pasaron unos días en la casa de un señor alemán
de apellido Baumeister. Luego hicieron el segundo, en otro vehículo, hasta llegar
a San Martín de los Andes.
Lotte acostumbraba contar que al acercarse a San Martín de los Andes,
desde lo alto del camino –el que hoy se conoce como Circuito Arrayán– divisó

