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EMMA BARTA-MIKL: SOBRE-VIVIR CON LIBROS          111



              con gran cantidad de árboles. Con la firme convicción de que una vida en la
              naturaleza supliría la oferta cultural y las comodidades de la gran ciudad, así
              como el acostumbrado trato con amigos, ex-colegas y clientes habituales,
              rechazó todas las advertencias acerca de esta mudanza, considerándolas infun-
              dadas. Transcurridos algunos meses, recibe en el nuevo domicilio la visita de
              Horst Stephan, quien informa: "Me horroricé de cuán sola estaba, y de cuánto
              trabajo le deparaba esta casa. Feliz estaba ella de que el perro lo pasara tan
              bien, dado que en el gran jardín se encontraba a sus anchas. Le perdonaba
              todo" (Stephan a Hübner, 16/1/2015). Y cuenta la siguiente anécdota: "A mi lle-
              gada, había comprado un pollo a campesinos de la vecindad, que había de
              comerse para la cena. Mientras nos saludábamos, Seppi pilló el pollo y lo devoró.
              También esto le perdonó Emma, y fuimos entonces a comer a un restaurante"
              (id.). Dos años puede llevar la ya septuagenaria esta vida de campo, que le
              demanda no menos trabajo que la pasada actividad profesional como librera.
              Entonces menguan sus fuerzas. Y busca la ayuda del ex-colega.
                 Con el apoyo de Horst Stephan y, como de costumbre, algo de pérdida
              financiera, vende su propiedad. Dado que entretanto Seppi ha muerto, nada se
              interpone para la acogida en una residencia de ancianos. Pero no se llega a eso.
              No le gusta ninguna de las instalaciones que visita. Emma quiere permanecer
              independiente y alquila un pequeño departamento en casa de una viuda alemana
              en Villa General Belgrano. Le resulta seductor que la locadora le haga saber que
              puede ocuparse del pequeño jardín que rodea la propiedad. El idilio no dura
              mucho. Ambas damas tienen intelectualmente poco en común. En el lugar viven
              numerosos inmigrantes alemanes. Los bienes culturales que cultivan, Oktober-
              fest, pantalón de cuero, vestido a la bávara y música a la tirolesa, atraen hasta
              el día de hoy a numerosos turistas a esta localidad. A pesar de eso, Emma no
              abandona Villa General Belgrano, sino que se muda, al entregar el departamento,
              a una residencia de ancianos existente en la Villa. Aquí dispone de una habitación
              propia y está bien cuidada. Horst Stephan la visita allí por última vez. Emma
              compra una tumba. Puede pasar los años siguientes con un estado de salud
              relativamente bueno, y en el matrimonio Wild, que vive en accesible cercanía,
              encuentra interlocutores adecuados. En 1993, queda postrada en cama, pierde
              luego la conciencia y muere el 20 de agosto del mismo año. Está enterrada en
              el cementerio de Villa General Belgrano, en medio de la naturaleza.




              Fuentes de archivo

              (Originales y copias de las cartas citadas, en poder del autor. Se marcan los
              originales que se encuentran en Dortmund, Institut für Zeitungswissenschaft y
              en el Deutsches Literaturarchiv, Marbach).
              Barta, Emma. Cartas a Alfred Hübner octubre 1968; 30/11/1968; 8/1/1969.
              --. Cartas a Kurt Erich Meurer, 17/9/1946; 2/12/1946; 7/6/1947.
              --. Cartas a Udo Rukser 1/8/1946; 6/10/1946; 25/3/1947. Institut für Zeitungs-
                 wissenschaft, Dortmund.
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