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          asuntos profesionales. Respecto de El Buen Libro, a Stephan no se le oculta
          que se trata de un ‘verdadero’ negocio. Dado que entretanto su contrato con
          Schmidt ha caducado, en mil novecientos cincuenta y siete no le resulta difícil
          aceptar la propuesta de Barta-Mikl de hacerse cargo en Pigmalión de la sección
          alemana, que se encuentra en el subsuelo de la librería de la Av. Corrientes. Ella
          misma es la encargada de los libros en inglés en la planta baja. El trabajo con-
          junto con Lili Lebach no dura mucho, pues a comienzos de los años sesenta
          Emma renuncia y se muda a Lima. Horst Stephan comenta al respecto: "Por
          qué hizo eso, fue para todo el mundo un enigma. Yo creo que buscaba la atmós-
          fera de la cultura incaica, estimulada por la lectura del muy polémico autor
          George Ivanovich Gurdjeff" (Stephan a Hübner 16/1/2015). Este fundador reli-
          gioso propaga un "cristianismo esotérico".
            El intento de Emma de imprimir un nuevo giro a su vida cambiando de lugar,
          fracasa. Ya pronto se ve obligada a volver a ganar dinero y retorna a la profesión
          que más satisfacción le depara. En la capital de Perú se convierte en colabora-
          dora de la firma ABC, que maneja allí dos librerías. "Su propietario Herbert Moll",
          informa Stephan, "hijo de un importante profesor de la Universidad de Lima […]
          no tenía idea de libros, era filatelista, pero tenía mucho dinero y era un trotamun-
          dos" (id.). En poco tiempo, su nueva colaboradora logró elevar a seis el número
          de los negocios de ABC en Lima. Con especial cuidado atiende las áreas de
          Literatura en Lengua Inglesa y Técnica. En estos rubros alcanza altos volúmenes
          de venta, asciende a gerente de la cadena de librerías y está en condiciones de
          emplear personal calificado. Stephan informa: "Llamó la atención de editores
          norteamericanos e ingleses, que le concedieron créditos, de modo tal que pudo
          acumular un excelente stock" (id.). El éxito profesional de Emma va en desmedro
          de su calidad de vida. Apenas le queda tiempo libre, sobre todo porque no vive
          en el centro de la gran urbe. A comienzos de su estadía en Perú, se buscó una
          vivienda al pie de la precordillera, motivo por el cual debe pasar diariamente
          muchas horas en medios de transporte, que son tan primitivos como poco
          confiables. Dado que quisiera vivir en unión con la naturaleza, tiene en su casa
          un mono enano que, además de mucha atención, requiere una calefacción
          especial y costosa. Cree poder renunciar a la visita de teatros, cines y museos:
          un error, tal como pronto ha de comprobarse. El intercambio humano se limita
          a contactos de negocios. Horst Stephan sabe de una excepción: "Para fortuna
          suya, conoció a una científica norteamericana que trabajaba en la UNO en Lima.
          Por ese intermedio recibió una gran ayuda y, sobre todo, no estuvo ya tan sola
          como en los primeros tiempos" (id.).
            Transcurrido medio decenio, Emma se convence de que no puede seguir
          viviendo así. Sobre todo, extraña a Oskar. Quiere regresar a Argentina, y espera
          también volver a acercarse interiormente al hijo, que entretanto se ha casado.
          De su matrimonio con Marta Beláustegui nacen tres niñas. La exitosa librera le
          hace al que fue su jefe hasta el momento la propuesta de abrir una filial de ABC
          en Buenos Aires, con stock anglo-germano. Dado que Moll ha pagado de
          acuerdo a su rendimiento, Emma dispone de dinero suficiente para no tener que
          aparecer como solicitante. El que fue su empleador habría de ser accionista
          principal de la firma; ella manifiesta su deseo de participar en las finanzas. Ade-
          más, quería ganar a Horst Stephan como socio y colaborador. Moll se entu-
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