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EMMA BARTA-MIKL: SOBRE-VIVIR CON LIBROS 107
Meurer no puede menos que admitir: "Él no tiene en absoluto la intención de
regresar conmigo, y no participa en nada de mi vida interior. Mi mundo, sí, todo
el mundo alemán le es muy extraño y se ha vuelto por entero latino, a pesar de
todas las escuelas alemanas a las que fue aquí" (id.). Ella abandona provisoria-
mente sus planes y busca nuevamente refugio en la literatura: "Trabajo de
momento en una traducción al alemán, y más precisamente, en [Miguel de]
Unamuno, Del sentimiento trágico de la vida. […] Es un trabajo que me depara
mucha satisfacción" (id.). Tiempo para él le queda solo de noche y los domingos,
pues la actividad como maestra empieza a las siete de la mañana y termina a
las nueve y media de la noche. A comienzos de 1948, retorna desengañada a
Buenos Aires. En el transcurso del año visita con Oskar, que estudia agronomía,
a su marido en Mendoza, pocos meses antes de su muerte.
Emma se hace definitivamente a la idea de que Oskar no está dispuesto a
acompañarla a Europa, y emprende el viaje sola. Llegada a Alemania, trabaja
largo tiempo en una organización estadounidense de ayuda, en el borde sep-
tentrional de la Selva Negra, según se infiere del encabezamiento de una comu-
nicación enviada a Rudolf, el hijo de Paul Zech. Bajo su nombre se lee la
dirección: "‘U.S. Displ[aced] Pers[ons] Commission (17 b) Rastatt/Baden’" (Barta
a Rudolf R. Zech 24/8/1950). El deseo de visitar a Kurt Erich Meurer en Berlín
occidental, al que ella enviara más de cien cartas y numerosos paquetitos con
víveres, no se realiza. Sobre eso escribe:
Pasé los años 1949 y 1950 en Alemania, pero en cada oportunidad
que mencionaba en una carta mi eventual visita, él la rechazaba de
inmediato, amable, pero muy decididamente. Una vez me escribió que
en la Primera Guerra Mundial había quedado sepultado y había sufrido
una severa intoxicación por gas, que tuvo como secuela el quebranto
de todo su sistema nervioso" (Barta a Hübner 30/11/1968).
Emma se siente herida, si bien no consta esto en ninguna carta. Por otra parte,
la realidad de la época de posguerra en Alemania no se corresponde con lo que
ella se imaginó en Sudamérica. Por lo que percibe, la reconstrucción tiene lugar
ante todo según puntos de vista materiales. La ayuda espiritual que quisiera
prestar, raramente es aceptada. Después de algunos meses de Rastatt se muda
a Gotinga. Allí podría ingresar en el puesto de bibliotecaria en la biblioteca de la
universidad; sin embargo, lo rechaza y regresa desengañada a Argentina.
A principios de los cincuenta, Emma vive algún tiempo en Mendoza, vuelve
a mudarse a Buenos Aires y en mil novecientos cincuenta y cuatro se convierte
en colaboradora de Lili Lebach, que desde 1942 maneja en la Avenida Corrien-
tes la Librería Pigmalión, especializada en literatura de lengua inglesa y alemana.
Lebach había nacido en 1911 en Wuppertal-Elberfeld. Pronto conoce Emma a
un joven colega que, como ella misma, hasta poco tiempo atrás había trabajado
en la República Federal. Se llama Horst Stephan y había sido llamado el año
anterior a Argentina por el propietario de otra librería local, El Buen Libro,
mediante un contrato de tres años. Debía conducir la firma, dado que su pro-
pietario deseaba regresar a Alemania. Barta y Stephan se encuentran de cuando
en cuando. No deja de ocurrir que en tales oportunidades se hable también de

