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102 ALFRED HÜBNER
Antes aún de cumplir los diecisiete, conoce Emma a quien será su primer
marido. Se llama Lawranz Mikl, estudió medicina y combatió en la Primera Gue-
rra Mundial como soldado. Se casan el 5 de setiembre de 1927 en Graz. Su
matrimonio no será feliz. Retrospectivamente escribe: "Había huido del primer
infierno, y lo cambié por otro. Era el encuentro de lo recíprocamente más extraño
y no había escapatoria. Mi marido no consentía un divorcio; me amaba, pero de
una forma incomprensible para mí" (id.). Para eludir la miseria de la cotidianeidad,
la esposa desengañada recuerda aquellas armas que de jovencita la ayudaron
a salir airosa en la lucha por la vida: la cultura y la ciencia. Como oyente, asiste
desde 1928, en la Universidad de Graz, a clases de germanística e historia del
arte. Estos estudios llegan provisoriamente a su fin cuando en 1930 viene al
mundo un hijo que recibe el nombre de Oskar. A partir de entonces se dedica de
lleno al niño. La propia vida –así lo cree la joven madre– transcurrirá en el futuro
por sendas ordenadas. Esto demostrará ser una conclusión errónea. Conoce a
un hombre que se convertirá en el gran amor, irrealizado, de su vida, y cuyo
nombre, no obstante, jamás revela, dando solo a conocer que "era cinco años
más joven que yo, y lo privé entonces a él y me privé a mí de una dicha a la que
creía no tener derecho, si bien todo lo que ocurrió después demostró que con
ello yo había cometido una injusticia" (id.). Nada cambia en su actitud, aun cuando
en 1932 Lawranz Mikl muere de las secuelas de una enfermedad contraída en la
guerra, dejando a su viuda en la pobreza, con Oskar, un niño de dos años.
Emma Mikl acepta el nuevo desafío sin proferir una queja. A pesar de las difi-
cultades materiales, puede configurar su existencia en la lucha diaria por la vida,
haciéndola digna de ser vivida: "Las primeras amistades maravillosas entraron en
mi existencia. Y aunque jamás había cesado de seguir desarrollándome como
persona intelectual y como persona en general –a pesar de todas las violencias–,
de aquí en más, seguí mi camino con un verdadero furor" (id.). Nuevamente es la
literatura de donde crece para ella la fuerza que necesita para arreglárselas con
las penurias de una madre sin medios, que debe criar sola a su hijo. Ahora ya no
se da por satisfecha con leer libros, sino que empieza a escribir ella misma.
Retoma, además, sus estudios como visitante en la Universidad de Graz: "Había
una espléndida vivencia del arte, un magnífico intercambio de ideas con amigos,
y había una serie de personas jóvenes a las que pude ayudar a hallar su camino
y en las que pude despertar la luz, y había la creación propia" (id.).
A pesar de la nueva libertad de acción, Emma no tiene el coraje de unirse a
un hombre al que, según su propia declaración, ama sin restricciones. Los
motivos los señala en su libro Das Chaos und ein junger Mensch (1937; El caos
y una persona joven). La novela se compone de dos partes, de las cuales la
primera lleva el título "Caída en lo real". Su contenido: en los días en los que
Erwin Lennhoff, el hijo de diecinueve años de un gran industrial vienés, se pre-
para para el bachillerato, la empresa del padre se declara en quiebra. Su madre
abandona al marido, que, acto seguido, se suicida. Erwin ama en secreto a una
cantante varios años mayor que él, la cual, a causa de su juventud, no quiere
convertirse en su esposa, aunque él insiste en contraer matrimonio. Finalmente,
Erwin encuentra un camino para salir del caos mediante una "emancipación del
corazón" –como la autora llama la segunda parte del libro–, conquistando el
amor de una muchacha de su misma edad, comprometida como trabajadora

