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          pasajes a Sudamérica, y arriban, luego de un viaje por mar de varias semanas,
          con el vapor Neptunia, el 25 de enero de 1939, al puerto de Buenos Aires.
            La huida no aproxima a la pareja, sino que desune a los cónyuges. Su relación
          está en una crisis. Emma ve ahora el período siguiente como "años de entume-
          cimiento", y confiesa: "Un silencio plúmbeo se tendió sobre el abismo, al que
          todo lo que era en común se había precipitado, cada uno sufría para sí y andaba
          su arduo camino. Esto duró un año, luego sufrió mi marido reiteradas afecciones,
          que lo obligaron a buscar una clínica en las montañas" (id.). Ladislaus se muda
          a Mendoza al borde de los Andes, mientras que su mujer gana en Buenos Aires
          el sustento para sí y para Oskar, como gerenta de un negocio de sombreros que
          le ha puesto una amiga pudiente. Se trata de Elisabeth Reinke, la sobrina de un
          alemán enriquecido en Argentina, de nombre Rodolfo Funke . Emma informa:
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          "Me transformé en una máquina inerte, y era necesario superar las pruebas,
          pues tenía que ocuparme de la crianza de mi hijo, al que había arrastrado a este
          destino" (id.). De modo semejante a Doris Dauber, una de sus compañeras de
          destino en Buenos Aires, acepta cualquier trabajo, con tal de que le aporte
          dinero . También puede decir de sí: "He pasado por una docena de oficios,
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          trabajo hogareño, arte industrial, institutriz, moda, oficina, etc., y puedo ganarme
          el pan por doquier" (Barta a Meurer 7/6/1947). Esta situación cambia un poco
          cuando, en el escaso tiempo libre, intenta volver a tomar contacto con sus con-
          géneres y agrupa en torno de sí a un círculo de personas más jóvenes a las que
          quiere transmitir cultura alemana mediante la lectura en común de libros. De ello
          se acuerda en el año 2015 un miembro del círculo, Gisela Brunnehild, de este
          modo: "Eran aproximadamente diez a doce hombres y muchachas jóvenes.
          Trabajábamos en oficinas en las que se utilizaban siempre recursos humanos
          no calificados. No podíamos cursar estudios superiores, debíamos contribuir a
          los ingresos de la familia (habíamos ingresado al país solo con los diez marcos
          permitidos)" (Brunnehild a Hübner 19/1/2015).
            El amor a la cultura alemana la motiva también a vincularse con el escritor
          Paul Zech, que vive en Buenos Aires desde fines de 1933. Según lo oyera en
          círculos de emigrantes, había abandonado Berlín huyendo de los nazis. El sexa-
          genario autor es considerado difícil y, siendo antifascista, evita "Das andere
          Deutschland", la agrupación más activa de refugiados antifascistas en la capital
          argentina. Emma le escribe en 1946 a Kurt Erich Meurer, un amigo y colega que
          vive en Alemania: "Nos encontramos hace dos años con motivo de un poema
          que publicó en Deutsche Blätter" (Barta a Meurer 17/9/1946). A mí me señaló
          que "Conocí a Paul Zech solo muy tardíamente […] por medio de las Deutsche
          Blätter, que se publican en Chile, de las cuales él era colaborador. Sus aportes
          me impresionaron profundamente y entonces un día le escribí, a partir de lo cual
          se desarrolló nuestra hermosa relación de amistad" (Barta a Hübner, octubre de
          1968). La respuesta de Zech a la primera carta de Emma se ha conservado.
          Tiene fecha 5 de junio de 1945. En ella afirma: "Estoy ahora en el décimo segundo


          3     Remitimos para detalles sobre esta mecenas de los emigrados alemanes en Buenos Aires
          al trabajo de Arnold Spitta, antes en este Cuaderno, pp. 77-93.
          4     D. Dauber y su libro Als ich drei Berufe hatte (Cuando tuve tres profesiones) han sido
          tratados por Beate Hock 2016: 97-104.
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