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            Lotte había aprendido a cabalgar en Paraguay y, tanto allí como en Eldorado,
          disfrutó haciéndolo. En el pueblo adoptivo patagónico cabalgó con toda la frecuencia
          que pudo. También era una gran caminadora. Un artesano zapatero confeccionó para
          ella y a medida de sus pies, un par de botines especiales para usar en la montaña.
            Sus excursiones por el bosque y los cerros las hacía llevando una cámara a
          cuestas y acompañada con un perro; primero fue Fox, después Toion y por
          último Cambá, las mascotas de la familia. Así documentó la naturaleza en las
          cuatro estaciones y con una calidad extraordinaria.
            Los Thumann se relacionaron con varios residentes alemanes, con los que
          se reunían a conversar e intercambiar noticias de sus lugares de origen. Con
          Federico Graef y señora, el Dr. Rodolfo Koessler y su esposa Bertha Koessler-Ilg,
          mantuvieron amistad desde la llegada al pueblo.
            Con ellos y con otros alemanes, comían, bebían y entonaban canciones
          alemanas acompañados por acordeón, guitarra o armónica. El encuentro –"Sing-
          abend" que algún diccionario traduce poéticamente como "canta la noche"– era
          un encuentro esperado por los participantes.
            Lotte anduvo mucho por los alrededores de San Martín de los Andes. En 1960
          la familia y varios amigos, entre los que estaba Don Federico Graef, hicieron una
          excursión hasta la base del volcán Lanín. Y, entre bromas, se plantearon escalarlo,
          o intentar hacerlo. Algunos aceptaron la propuesta, entre ellos Lotte y Dietrich, sólo
          que ella no tenía los botines para la montaña… ¡Y lo hizo calzada con alpargatas!
            Llegó a la cumbre y esa vez sacó muchas fotografías. El día soleado y sin
          viento le permitió hacer un registro de imágenes impecable, que conserva en el
          archivo su hija Gertrude.


          La fotografía como medio de vida

          El matrimonio tuvo desavenencias y en la oportunidad en que la situación se agu-
          dizó, Lotte puso distancia de esta viajando a Misiones. A su regreso finalizó la unión.
            Hans dejó el hogar y se mudó a la localidad de Junín de los Andes con la
          joven que había sido empleada de la casa de fotografía. Con ella formó una
          nueva familia.
            Los hijos eran chicos y Lotte debió organizarlos para llevar adelante la admi-
          nistración hogareña. Gertrude, casi niña, la única mujer, debió hacerse cargo de
          muchas tareas domésticas. Gerhard ayudó a su madre en la actividad comercial.
          Y los cuatro hermanos colaboraron bajo las directivas maternas.
            Acaso por las circunstancias, por la formación, por la manera de relacionarse
          entre padres e hijos en esa época –o por la combinación de todos los factores–
          Lotte fue una madre muy exigente y muy severa. Como pudo, enfrentó la crianza
          de los hijos.
            Sacaba fotos para carnet, retratos, paisajes, reuniones sociales, fiestas fami-
          liares, actos escolares y las acostumbradas últimas imágenes de las personas
          fallecidas en el ataúd. Generalmente los cortejos fúnebres pasaban caminando
          frente a Casa Thumann, rumbo al cementerio, ubicado en la misma calle Perito
          Moreno –que entonces tenía un trazado en zigzag con radales alrededor– y se
          detenían frente al local para que ella tomara las fotos.
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