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118 ANA MARÍA DE MENA
Lotte había aprendido a cabalgar en Paraguay y, tanto allí como en Eldorado,
disfrutó haciéndolo. En el pueblo adoptivo patagónico cabalgó con toda la frecuencia
que pudo. También era una gran caminadora. Un artesano zapatero confeccionó para
ella y a medida de sus pies, un par de botines especiales para usar en la montaña.
Sus excursiones por el bosque y los cerros las hacía llevando una cámara a
cuestas y acompañada con un perro; primero fue Fox, después Toion y por
último Cambá, las mascotas de la familia. Así documentó la naturaleza en las
cuatro estaciones y con una calidad extraordinaria.
Los Thumann se relacionaron con varios residentes alemanes, con los que
se reunían a conversar e intercambiar noticias de sus lugares de origen. Con
Federico Graef y señora, el Dr. Rodolfo Koessler y su esposa Bertha Koessler-Ilg,
mantuvieron amistad desde la llegada al pueblo.
Con ellos y con otros alemanes, comían, bebían y entonaban canciones
alemanas acompañados por acordeón, guitarra o armónica. El encuentro –"Sing-
abend" que algún diccionario traduce poéticamente como "canta la noche"– era
un encuentro esperado por los participantes.
Lotte anduvo mucho por los alrededores de San Martín de los Andes. En 1960
la familia y varios amigos, entre los que estaba Don Federico Graef, hicieron una
excursión hasta la base del volcán Lanín. Y, entre bromas, se plantearon escalarlo,
o intentar hacerlo. Algunos aceptaron la propuesta, entre ellos Lotte y Dietrich, sólo
que ella no tenía los botines para la montaña… ¡Y lo hizo calzada con alpargatas!
Llegó a la cumbre y esa vez sacó muchas fotografías. El día soleado y sin
viento le permitió hacer un registro de imágenes impecable, que conserva en el
archivo su hija Gertrude.
La fotografía como medio de vida
El matrimonio tuvo desavenencias y en la oportunidad en que la situación se agu-
dizó, Lotte puso distancia de esta viajando a Misiones. A su regreso finalizó la unión.
Hans dejó el hogar y se mudó a la localidad de Junín de los Andes con la
joven que había sido empleada de la casa de fotografía. Con ella formó una
nueva familia.
Los hijos eran chicos y Lotte debió organizarlos para llevar adelante la admi-
nistración hogareña. Gertrude, casi niña, la única mujer, debió hacerse cargo de
muchas tareas domésticas. Gerhard ayudó a su madre en la actividad comercial.
Y los cuatro hermanos colaboraron bajo las directivas maternas.
Acaso por las circunstancias, por la formación, por la manera de relacionarse
entre padres e hijos en esa época –o por la combinación de todos los factores–
Lotte fue una madre muy exigente y muy severa. Como pudo, enfrentó la crianza
de los hijos.
Sacaba fotos para carnet, retratos, paisajes, reuniones sociales, fiestas fami-
liares, actos escolares y las acostumbradas últimas imágenes de las personas
fallecidas en el ataúd. Generalmente los cortejos fúnebres pasaban caminando
frente a Casa Thumann, rumbo al cementerio, ubicado en la misma calle Perito
Moreno –que entonces tenía un trazado en zigzag con radales alrededor– y se
detenían frente al local para que ella tomara las fotos.

