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FRAU ROTRAUT CONNERT DE WIELAND, UNA VIDA ENTRE DOS MUNDOS 129
Kurt se entusiasmó de inmediato. Guillermo había regresado a Misiones y
desde allí nos escribía que estaba todo listo para recibirnos, que podíamos
viajar tranquilamente. Yo ansiaba un poco más de libertad. Los inviernos largos
en un pequeño departamento se estaban volviendo interminables. En camino
estaba un nuevo integrante de la familia. Kurt se enfermó de tuberculosis, como
consecuencia de la guerra, el campo y el largo invierno. Pospusimos la partida.
Nació Anne y al tiempo Klaus. Esos cuatro años fueron los años más pesados
de mi vida, sin dinero, con el marido enfermo y con niños pequeños encerrados
en un pequeño departamento.
Compramos los pasajes para viajar en un barco argentino. Se hundió cuando
ingresaba al puerto de Hamburgo, justo antes de embarcar . ¿Era una señal?
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No sabíamos, pero pese a todo, estábamos empeñados en emigrar.
En un nuevo intento logramos viajar. Emigramos como agricultores, no lo
éramos, pero esa era la única opción que aceptaba la Argentina para recibir
inmigrantes. Aunque Kurt nunca había trabajado como agricultor, ambos está-
bamos dispuestos a trabajar la tierra a cambio de gozar de más libertad.
Cuando llegué a Buenos Aires no sabía ni una palabra en castellano, fui a
una panadería para comprar pan, y en rumano le dije "Pâine". El panadero me
miraba sin entender, así que le señalé con la mano el pan que quería, con cierto
desconcierto me dijo "eso es PAN, señora".
Finalmente llegamos a Istueta. El primer año estuvimos en una casa chiquita
cerca del tío Guillermo. Luego Kurt consiguió trabajo en una cooperativa vitivi-
nícola en Laharrague y allá fuimos. Compramos un pedazo de monte para
comenzar a plantar yerba y vid. Conseguimos una vaca que yo ordeñaba, chan-
chos, gallinas… vivíamos como campesinos.
Era una vida bastante dura y sacrificada. Por las noches, luego de acostar a
los niños, alimentar los animales y encerrar las gallinas, teníamos que ir a matar
hormigas con una bomba con sulfuro. Recuerdo que por las noches, mientras
hacíamos esta labor, se escuchaban cantos, entonados por los criollos, en su
mayoría paraguayos, quienes vivían en la cercanía en ranchos de tacuara. Su
dulce cantar sonaba como un ritual vespertino para finalizar la jornada. Muchas
veces yo pensaba que ellos sabían vivir mejor que nosotros, sin pensar tanto en
el futuro, sólo gozando del momento.
Transcurrieron cuatro años. Las mejoras se notaban y nos daban mucha
alegría. A Kurt le propusieron ser administrador de una empresa yerbatera en
Puerto Esperanza, más al norte, cerca de Iguazú. ¡Dejar todo! ¡Tanto trabajo para
empezar todo de nuevo!
A Kurt le entusiasmaba la idea, pero yo no me dejaba convencer tan fácil-
mente de semejante cambio. Al final decidimos probar suerte. En esa decisión
pesó la necesidad de una escuela para nuestros hijos.
Otra vez comenzar todo de cero.
14 El Maipú se hundió el 4 de Noviembre de 1951. En viaje de Buenos Aires a Hamburgo,
con 107 pasajeros a bordo, naufragó al ser abordado a causa de la niebla por el transporte
norteamericano General M. L. Hersey, en el río Weser, Alemania. La nave se hundió en 80 pies
de agua. Era el Gemelo del Alberto Dodero y el Yapeyú. Véase: http://www.histarmar.com.ar/
BuquesMercantes/Marina%20Mercante%20Argentina/Pasaje/Maipu-2.htm

