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            No sabía que en Esperanza tendría muchos amigos. Había un grupo de
          inmigrantes, algunos ya eran de segunda generación, austríacos, húngaros,
          suizos, alemanes y franceses. Nos hicimos un lindo grupo y aprendí muchísimo…
          se hablaba mucho en alemán, lo cual tuvo dos caras. Por un lado, tardé en
          aprender el castellano, pero por otro, podía comunicarme en mi lengua y sen-
          tirme como en casa. Muchas veces sentí nostalgia, ese sentimiento intenso que
          te trae a la memoria antiguas vivencias, que te apretuja el corazón y sólo en un
          suspiro se liberan los recuerdos. Nunca le escribí a mis padres todas las penu-
          rias que pasamos, no hacía falta preocuparlos, pues a pesar de todo estábamos
          bien. En una oportunidad, el jefe del correo argentino, cuando le enviaba una
          carta a los tíos de Kurt en Australia, me quiso corregir: "Señora, ¿está bien
          escrito? ¿No será Austria?", "Si – respondí– Austria está en Europa, Australia
          está mucho más lejos".
            Desde un principio me integré en la comunidad de la Iglesia Evangélica del
          Río de la Plata, participar en ella era un modo de mantener la fe y las tradiciones
          familiares . Empecé con ayudar al pastor, y luego en organizar un grupo de
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          damas, en el cual además de tomar el té, tratábamos algun tema de nuestro
          interés, se leía algun libro para debatir o charlar. Por muchos años también ayudé
          en llevar el registro del cementerio y en colaborar en su parquización.
            En Esperanza nació Peter, el menor. Este hijo misionero nos haría amar la
          patria generosa que nos recibía. La gratitud que sentimos por la nación Argen-
          tina es inmensa. Llegamos y había mucho, muchísimo por hacer. Aquí pudimos
          desarrollarnos, y sobre todo crecer. Nadie puede pretender recibir sin antes dar,
          y nosotros dimos todo lo que estuvo a nuestro alcance. Aquí nos sentimos útiles,
          y así como sembramos, cosechamos una nueva vida en el Alto Paraná misionero.
            Mis hijos fueron creciendo. Ditmar y Klaus regresaron a Alemania, Anne
          también fue a ese país, pero finalmente se estableció en Venezuela. Peter, quien
          nació y se crió en Misiones, sigue viviendo en esta tierra. También, Ditmar, quien
          hace unos pocos años, luego de jubilarse, regresó a Puerto Esperanza.
            Quizás sea un error, o quizás sea el destino de la primera generación de
          inmigrantes… mucho tiempo se compara, la vida acá… la vida allá… la cultura…
          las costumbres… uno se convierte en un "viajero entre dos mundos".





          Bibliografía


          Connert-Wieland, Rotraut; Irma Sommerfeld-Waidelich; Hilario Tech. "Reseña
            Histórica de la Congregación de Puerto Esperanza". En: Gallero, María Ceci-
            lia y Bárbara Natalia Gomez, Historia de las Congregaciones de la Iglesia
            Evangélica del Río de la Plata (IERP) del distrito Misiones, Posadas: Editorial
            Universitaria de Misiones 2007, pp. 259-275.


          15    Rodi colaboró en la escritura del capítulo correspondiente a la historia de la Congregación
          de Puerto Esperanza. Veáse: Connert-Wieland, et. al. 2007.
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