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SETENTA AÑOS. RECUERDOS. PARTE XIII            115




























                                   Familia Devrient, Estación Ordoñez


                 Mi principal ocupación a partir de entonces ha sido la pintura, a la que nue-
              vamente me dediqué con muchas ganas. Plasmé mis impresiones en el papel
              en mis viajes a San Luis y a Córdoba, y especialmente a los balnearios del
              Uruguay. Atlántida y Solís me daban muchos buenos motivos, así como también
              la rocosa zona de Achiras y el querido La Falda. Allí pasé hermosas estadías en
              el Hotel Edén y debido a la amistad con los Eichhorn pude prolongar repetida-
              mente mis estadías allí. A veces iba a lo de Eduard, a lo de Edu, a lo de Alfred y
              Lisa, y ese constante intercambio le hizo muy bien a mi salud y pude festejar en
              buena forma física y mental mi cumpleaños número 70. La fiesta en el Hotel Edén
              fue organizada con una puesta en escena muy grande por los Eichhorn y por
              Kott, y las palabras de mi amigo el doctor Arno Eichhorn, que agrego al final,
              son el mejor ejemplo de la gran benevolencia y la especial convicción con que
              me retribuyeron el círculo de amigos, yernos, hijas e hijos.
                 El perro Pastor, que en Monte del Tigre terminó por ser un sobresaliente perro
              ovejero, arreaba todas las tardes conmigo la manada al corral, rodeándola y sin
              atacar a los animales, cayó finalmente víctima de un pedazo de carne envenenado.
                 Ramona, a la que Carmen nos había mandado con ocho años y huérfana de
              padres pobres, para educarla y como ayuda en las tareas del hogar, durante la
              enfermedad de mamá fue una abnegada ayuda. Luego realizó con mucho cui-
              dado y empeño las tareas domésticas, pero cuando dejé Monte del Tigre, no se
              podía quedar sola con Alfred. Por eso la llevé primero a lo de Edu y de ahí al Hotel
              Edén. Allí fue una laboriosa y muy querida mucama, pero su seguridad en sí
              misma a menudo era más fuerte que su razón. Era orgullosa y tempestuosa, y
              no podía aguantar ningún reproche. Se fue del hotel sin darme su dirección. En
              el invierno hizo una visita a su familia en Entre Ríos y recién allí conoció la triste
              situación, que no congeniaba con sus sueños y recuerdos. /100/ Me dijo: "Recién
              ahora me he podido dar cuenta por qué Uds. nunca quisieron que volviera a ver
              a mis hermanos, y lo mucho que les debo por haberme criado y educado".
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