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          y me alegraba por los animales bien alimentados. Y el aire estaba tan claro y el
          cielo tan azul…". /91/ Y justo antes le había dicho a Carmen: "Mi única felicidad
          fuiste vos".
            Debido a la gran diferencia de edad se preveía que Carmen iba a enviudar
          muy joven, y su destino me preocupaba mucho. Con voluntad propia, conven-
          cida de sus ideas, difícil de manejar y con fuerte sentido de la independencia,
          pero fiel a sus responsabilidades y compromiso con las metas que se había
          impuesto, con un gran amor a la naturaleza, a los animales y las plantas, hubiera
          sido muy difícil para ella no continuar con su acostumbrada vida. Odiaba toda
          etiqueta y no se sentía cómoda entre personas convencionales. Tampoco que-
          ría estar bajo el ala de su padre, y como había heredado un pequeño capital de
          su marido, admití que se quedara en La Argentina. Sí, cometí un error al com-
          prarles un campo de 8000 hectáreas, y en especial uno que era de un Urquiza-
          Anchorena, primo del doctor Benito Nazar-Anchorena, que los había conocido
          cuando Paul y Carmen pasaron por su campo en su yate. Pagué 70.000 pesos
          y quedaban 170.000 en deudas hipotecarias. Nadie previó la rápida caída de los
          precios, que comenzó en el año 1930 y que le hizo imposible a Carmen pagar
          los intereses de la hipoteca, y yo tampoco podía sacarlos de La Constancia con
          los bajos precios del trigo, del maíz y de los animales. El fin de la historia fue la
          devolución del campo a Urquiza en el año 1933 con la pérdida de los 70.000
          pesos, a su vez Octavio Mariño, el administrador de Urquiza, me ayudó a que
          este no me hiciera un juicio con el cual, por supuesto, habría cobrado menos
          aún, mientras que mi situación personal hubiera empeorado.
            En 1927/28 tuve especiales ingresos en La Constancia, lo cual hizo elevar
          mucho mi crédito en los bancos. / 92/ Por todos lados había sobrantes de dinero
          que los bancos se esforzaban de ubicar correctamente. En Bell Ville, el Banco
          de la Nación y el de Córdoba me hacían ofrecimientos. Especialmente el gerente
          del Banco de Córdoba me invitó varias veces a tomar el dinero y el City Bank
          de Rosario me consultó por escrito por el monto que podría necesitar. Debido
          a que La Constancia no necesitaba más capital, estuve atento a otras oportu-
          nidades y así fue como, antes de comprar las 8.000 hectáreas en Entre Ríos,
          compré un campo en Las Raíces.  Primero 1.000 hectáreas a 50 pesos, luego
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          otras 1.000 a 72. No era una tierra de primera y estaba lejos de Buenos Aires.
          Una sierra baja la atravesaba y, aunque la cantidad de lluvia era de unos 600
          mm por año, la tierra no se mantenía lo suficientemente húmeda como para dar
          buenas cosechas. El motivo no era que gran cantidad de agua de lluvia no fuera
          absorbida por la tierra, sino que se escurría muy rápidamente. La propiedad
          tenía una hondonada en el medio, donde a cinco metros de profundidad se
          encontraba suficiente agua; hacia el oeste y al este subía. Ahí había agua recién
          a cincuenta metros de profundidad. De todas maneras, había suficiente agua


          81   "Devrient también compró una estancia Pozo de las Raíces, San Nicolás de la Punilla, San
          Luís, unas 2.000 hectáreas. A esta última se dedicaron sucesivamente su yerno Rennen kampff
          y su hijo Alfredo. Su otro yerno Walter Brendel se hizo cargo en 1935 y fue el que finalmente
          canceló una hipoteca que Devrient, padre había contraído con Christian Altgelt, cuñado de C.
          A. Diehl, tal que en 1948 la estancia Pozo de las Raíces –no debe confundirse con un pueblo
          cordobés Pozo del Molle– pasó a ser suya" (Delius 2018: F 100).
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