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SETENTA AÑOS. RECUERDOS. PARTE XIII 107
artistas, que se preparaban seriamente para una carrera profesional de arte:
/86/ todos ellos juntos eran unas cincuenta personas que dibujaban y pintaban
con mucho empeño. Para mí fue una experiencia maravillosa.
Mientras dejaba pintando y dibujando a Lya, busqué el mejor profesor de
violín para Lisa. Tocaba espectacularmente, también componía y sostenía que
sabía tanto como Kreisler , solo que no era tan famoso. Lisa hizo grandes pro-
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gresos con él.
Los muchos dibujos de mis libros de bocetos y de mi carpeta dan mejor
cuenta de mis impresiones y vivencias de lo que pueden describirlo mis palabras.
Los tres meses en Roma fueron inolvidables.
Nuestras grandes valijas habían quedado guardadas en el depósito de la
estación de tren. Las encontramos atadas con sogas y selladas. Cuando fui a
la estación con nuestras valijas de mano, me pareció que el precio era sobre-
manera elevado y le pregunté al cochero cómo era posible. Apenas dos cara-
bineros se dieron cuenta, se inmiscuyeron, revisaron el taxímetro y finalmente
me dijeron que el precio era correcto. ¡Qué diferencia entre la nueva Italia y la
del año 1920 cuando nos robaron las valijas! El Duce con sus gestos teatrales,
que a su vez son tan atrayentes para el pueblo, reconoció rápidamente el meo-
llo de la cuestión e implementó una buena administración. Cuando subía al
monumento del soldado desconocido y allí, frenando bruscamente, hacía que
su caballo se encabritara y gritaba con gesto pomposo "¡Italiani!", se sabía que
era una demostración consciente de teatralidad que el pueblo vitoreaba en una
fuerte ovación y lleno de júbilo "¡Viva il Duce!". ¿Pero dónde quedaba la real
voluntad del pueblo en esa psicosis de masas? En realidad, el pueblo tiene que
ser guiado y no puede tener una voluntad homogénea, porque cada uno repre-
senta sus intereses personales. /87/ El pueblo se une en una voluntad común
solo cuando el gobierno es malo, entonces, siendo su voluntad, va en camino
a la revolución.
Nápoles. Nos instalamos cerca del mar, en el Continental, donde las olas
rompen en las rocas frente a nosotros. Detrás de nosotros tenemos el humeante
Vesubio y delante el golfo azul. En la noche se escucha en las calles una voz de
mujer cantando "O sole mio", las ventanas se abren y las monedas resuenan en
el asfalto. De acuerdo a nuestros paseos por la ciudad almorzamos al mediodía
una vez aquí y otra vez allá. Visitamos el acuario, el castillo del rey de Nápoles,
la estatua de Murat, el inmenso teatro y Pompeya. Y así como los guías de Roma
sacaban pedacitos de mosaicos para regalarnos como recuerdo, el cuidador
del acuario nos regalaba caballitos de mar disecados. Por todas partes el italiano
tiene incorporado un seguro gesto comprador para ganarse una buena propina.
Uno se da cuenta de la intención y se pone de mal humor.
Capri. Pasando por el bello Sorrento que sube tan pintorescamente por las
laderas de la costa, el pequeño vapor atraviesa el tormentoso golfo. Ya se nos
torna un poco aburrido cuando nos acercamos a las montañas de Capri. Antes
de amarrar debemos visitar la Gruta Azul. En realidad, es una maniobra muy
peligrosa: llegar a atravesar la angosta cavidad para poder llegar a su interior.
77 En el texto dice "Kreissler". Se refiere al conocido violinista Fritz Kreisler (1875-1962), austríaco.

