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SETENTA AÑOS. RECUERDOS. PARTE XIII 109
francés. La charla giró, como obviamente tenía que ser, en torno a la religión. Le
informé de que yo, que era protestante, estaba casado con una católica, a la
cual dejaba total libertad para practicar su religión. Sobre esto monseñor
comentó que él había obtenido el permiso del Papa para colocar a la Virgen
María en una capilla para que él y las visitas le pudieran rezar. Me la quería
mostrar. ¿Tendría esperanzas de que ocurriera un milagro y yo cayera a los pies
de la imagen sagrada? Me dolió en el alma tener que desilusionarlo y hasta me
pareció ver lágrimas en sus ojos.
Era tiempo de pensar en el regreso al hogar. Mi crédito sufrió una conside-
rable baja: 25.000 pesos se habían gastado en este año.
El joven estudiante nos acompañó a Nápoles y allí se encontró el otro admi-
rador, el viajante de telas. Ellos fueron los que nos despidieron de Europa. El
Almirante Battoglio nos llevó de regreso a la Argentina. Después de amarrar nos
recibió nuestro futuro yerno.
/90/ En noviembre de 1926 fue el casamiento de Lya con Constantin von
Rennenkampff. También se celebró con todas las pompas en el Hotel Royal.
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Todos nuestros amigos y conocidos cercanos, así como los de Kott , estaban
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presentes. En la iglesia, el pastor habló de la unión de la sangre de los hugono-
tes con la de los bálticos, y que eso podía dar como resultado un duro y con-
fiable descendiente. En el hotel, la pareja fue recibida por la marcha nupcial de
Lohengrin y enseguida se tocó el himno nacional ruso. Lya vino hacia mí, me
abrazó y opinó entusiasmada: "¿No es increíblemente majestuoso?" Entonces
supe que mi niña era feliz.
Siempre había sido mi intención tener un departamento en Buenos Aires
como lugar de paso para la familia. Así que la necesidad de la joven pareja de
tener un hogar me vino como anillo al dedo y compré una simpática casita en
General Urquiza. Alfred, que estudiaba en el Colegio Nacional, también encon-
tró allí un buen alojamiento, y Lya y Kott pasaron una corta pero feliz estadía,
lamentablemente opacada por la muerte de Paul von Hartmann. Paul había
viajado a Buenos Aires por una venta de novillos y esperaba el aviso del frigorí-
fico. Había sentido dolores en el lado izquierdo del estómago y se quejaba de
no tener apetito, pero se asombró mucho cuando escuchó decir al doctor Rob-
bers que se trataba de un tumor maligno que debía ser operado. La operación
salió bien, pero el tumor no fue extirpado totalmente y siguió consumiéndolo,
hasta que P. v. H. perdió cada vez más sus fuerzas y unos dos meses después
de la operación falleció en el Hospital Alemán. Carmen estaba dispuesta a una
transfusión de sangre, pero no hubiera sido suficiente para salvarlo. La mañana
del día de su fallecimiento le contó a Carmen: "Soñé que cabalgaba por el campo
79 "Lya D. (*1905, La Constancia -+1981, Córdoba) se casó en 1926 con un Constantino
(=Konstantin) E.(del) von Rennenkampf (*1900, San Petersburgo, Rusia -+1983, La Falda, 1920,
Argentina) quien después de administrar Las Raíces por algún tiempo, pasó alrededor de 1935
a ser gerente del hotel Edén, La Falda, sierras de Córdoba. Allí se nucleó un notorio grupo nazi
al que también perteneció [...] Guillermo Hammerschmidt, a la sazón vicecónsul alemán en la
ciudad Córdoba y criador de nutrias no lejos de esa ciudad: Catalán, Cuando llegamos, p. 33."
(Delius 2018: F 102)
80 Kott: sobrenombre de Constantin.

