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96 REGULA ROHLAND DE LANGBEHN
/[4]/ Todos mis trabajos, sean de índole médica, folclórica o simple-
mente narraciones, siempre se han escrito en forma personal y con
humor, y nunca chocan siquiera por insinuación contra las buenas
costumbres y la moral, sino que siempre defienden sin ambigüe-
dades el punto de vista católico. Nunca he escrito o mucho menos
publicado una sola línea que, para citar a un poeta alemán, “no podía
ser leída por una mujer alemana sin que tenga que sonrojarse”.
Hasta ahora mis trabajos literarios los puse a disposición sin cargo a
las revistas respectivas, y habría podido escribir diez veces más de
lo que lo hice, considerando los pedidos que me hicieron llegar. Esto
por lo menos certifica que mis trabajos son buenos.
Muchas veces la casualidad tiene un papel muy curioso o, mejor
dicho, en vez de casualidad la providencia divina. T. K. [sic] Tetens,
el editor del libro Cristianismo, hitlerismo, bolchevismo, tuvo que fu-
garse de Buenos Aires a Nueva York, porque si no, no habría estado
seguro de seguir vivo, expuesto al amor de los nazis. Posiblemente
usted posea sus señas. Si es así, le ruego que le pida información
sobre mí, él me conoce, y a mis trabajos. Y hágale llegar mis saludos,
por favor, y cuéntele que estoy bien plantado en el infierno, pero que
pese a todo siempre espero la victoria, ya que el gobierno ha recibi-
do dos acusaciones penales de mi parte contra los nazis y los está
investigando.
Ahora de veras espero que esta carta llegue a su destino. Y aún
más espero que usted tenga interés por uno u otro de mis libros, si
bien el tiempo no alcanza para el certamen por un premio.
La saludo muy atentamente,
El hecho de enviarle una copia con papel carbónico se debe a que no
poseo una cinta de color para la máquina. Paciencia.
Las páginas [5, 6, 7] del legajo Ruez contienen los formularios del Ameri-
can Guild (uno es copia a máquina por Ruez), con los que envía tres de las
obras antes mencionadas, a saber, Fritz Unruh, Verhetzte Leut y Die ersten
gehen tot. Tienen marca de ser enviadas tarde (el 13 de octubre de 1938).
El seudónimo escogido por Ruez es Migi Seefeld, un nombre que esconde
dos alusiones a su propio pasado. Migi abrevia el nombre Remigius, que
era el de un tío muy querido, sacerdote, precisamente el “Onkel Migi”, falle-
cido en 1911 (Familienchronik ms: 204). Y Seefeld alude a su seudónimo de
tiempos de la posguerra, cuando escribía bajo el nombre de Heinrich vom
See (véase un folleto pegado en la Familienchronik ms: 203). El tercer for-
mulario, copiado a máquina por Ruez, tiene un agregado a mano que dice:
“Ich erlaube dem Verleger aus diesem Werke das zu streichen, was für das
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23 Ruez aquí escribe la “s” fuerte alemana, “daß”, pero es el artículo ‘das’.

