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118 KARL OENIKE. TRAD. REGULA ROHLAND
donamos ahora el Paraná, que baja en una angosta curva desde el este, y
seguimos en la misma dirección anterior, hacia el norte, por el río Paraguay.
Bosque de palmeras. Del artículo traducido, p. 229
De a poco cambia el escenario y comienza el paisaje fl uvial característico
del Río Paraguay. El viaje impresiona como fantástico en las mañanas, si
damos lugar a las impresiones del entorno antes de que comience el día
con su barullo y la inquietud de los pasajeros. Casi no se escucha que el
barco se desplaza río arriba. Todavía no salió el sol, densos nubarrones
de neblina se deslizan en derredor sobre el agua. Acá y allá los delicados
velos grises ondulantes se dividen, permitiendo que a través de pequeñas
aperturas aparezcan graciosas imágenes, que se vuelven a esconder con
la misma presteza detrás de los velos de niebla. Se ven acá unos troncos
densamente cubiertos de verdes plantas que caen como en glorieta, allá
aparecen lianas de color claro que se entrelazan delante de masas de fo-

