Page 124 -
P. 124
122 KARL OENIKE. TRAD. BEATRIZ ROMERO
algodón para el uso de su propia casa. Bananas y naranjos crecen sin que
se tenga que mover.
El vehículo principal en el Paraguay es la carreta, ya que los caminos
por lo general están en un estado en extremo defi ciente y malo, y pasan
muchas veces por amplias lagunas. Son obstáculos que solo vence una
carreta paraguaya. Una carreta hecha y derecha está hecha toda de made-
ra, incluso las dos ruedas de más de 2 metros de alto carecen de compo-
nentes de hierro. Las paredes laterales, construidas sobre la tosca base de
madera, consisten en tres maderos verticales unidos por barras transversa-
les, sobre las que se extiende una piel de vacuno como techo. Hacen falta
seis bueyes, atados a distancia en pares, para arrastrar sin accidentes este
vehículo a paso lento pero seguro por todos los peligros en el camino. Y
mucho tiempo antes de que se lo vea llegar, ya se escucha el chillido y cru-
jido verdaderamente horrendo de todas las partes de madera –una música
tan horrible de sonidos quejumbrosos–, que quien una vez escuchó esta
sinfonía de la carreta, no la olvidará jamás.
Se sitúan muy dispersos en el país los asentamientos de los colonos,
que lamentablemente en su mayor parte no han tenido el rendimiento que
se esperaba. Uno de los asentamientos mejor construidos y más cómodos
de los alemanes es la estancia Isla Pau cerca de Caraguatay, al este de
Altos. Pero ser colono es una situación particular en el Paraguay. Nece-
sita de un empeño excepcional y una enorme constancia y, pese a todo,
muchos no han logrado encontrar la fortuna que habían esperado; quizás
entre ellos, los menos están contentos con su suerte. Si estas circunstan-
cias desfavorables mejorarán en algún momento, es una cuestión difícil de
responder. Sería de desear, para ayudar a la colonización de este país, en
todo tan bello e interesante.
Una excursión por el Paraguay.
Esbozos de viaje de Karl Oenike 9
Durante mi permanencia de varios años en Sudamérica realicé diversas
expediciones y excursiones que me permitieron conocer principalmente
la Argentina y el Paraguay. Entre estos dos países, tiene el Paraguay un
encanto especial para el viajero. Se debe a la gran cantidad de contrastes
muy marcados y coexistentes entre la cultura y civilización europeas, por
un lado, y la naturaleza virgen que rodea la vida y el quehacer de los indí-
genas, por otro. Ya en la capital, Asunción, es esto lo que más nos llama
la atención. Llegamos allí desde Buenos Aires, capital de la Argentina,
luego de remontar el Río de la Plata, el Paraná y fi nalmente el Paraguay
en un viaje de cinco días en vapor. Espléndidos y monumentales edifi -
cios del tiempo de los dictadores López, en parte a medio construir y en
ruinas, sobresalen entre las casas de la ciudad en su mayoría bajas y de
9 Trad. de Beatriz Romero. Se editó en la revista Vom Fels zum Meer (de la roca al mar)
XV (1896): 281-286.

