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ESBOZOS DEL PARAGUAY                   117


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               Desde Buenos Aires vapores de río realizan el contacto entre la Argentina
               y el Paraguay. Con un viaje de seis días de duración en promedio, suben
               el río llegando a la capital del Paraguay, Asunción. A bordo se desarrolla
               un vivaz trajín, se guardan maletas y cajas, uno se instala cómodamente
               en su cabina y se abandona el puerto.
                  Los techos planos y las cúpulas de Buenos Aires resplandecen bajo el sol
               del mediodía, hasta que también se pierden en la neblina, y a ambos lados
               se extiende el infi nito y potente Río de la Plata, que reúne en sí las inmensas
               cantidades de agua del río Paraná, del Paraguay y Uruguay. Como una franja
               angosta se presenta a la vista la costa uruguaya, y más adelante, pasando la
               isla Martín García, en otros tiempos estación de cuarentena y cárcel de la Ar-
               gentina, al caer la noche ya nos encontramos en el río Paraná. Como el viaje
               es muy accidentado por la cantidad de bancos de arena y de bajíos que cam-
               bian todo el tiempo de lugar, en cada vapor se encuentran dos pilotos que
               tienen la voz de mando por turnos. Pese a su presencia ocurre muchas veces
               que el vapor se encalla y según las circunstancias permanece bastante tiem-
               po varado en un banco de arena. Al día siguiente se llega a Rosario de Santa
               Fe, la segunda ciudad comercial argentina después de Buenos Aires, hasta
               donde también llegan los grandes vapores de ultramar de varias líneas.
                  Siguiendo el río aguas arriba, pasamos por las colonias agrícolas de la
               provincia de Santa Fe, que se extienden tierra adentro, en las que de vez en
               cuando se ve desde el vapor una población en la orilla. Bancos de arena,
               grandes extensiones de bañados que se alternan con superfi cies estériles
               de arena, son característicos en la orilla derecha, mientras que la izquierda
               [oriental] muestra mayormente orillas altas con empinadas barrancas. Estas
               llegan a una altura apreciable cerca de Paraná, la capital de la provincia de
               Entre Ríos. Mirando hacia atrás desde el barco, hay una hermosa vista de
               la considerable ciudad.
                  Luego se extiende el campo a ambos lados del río, y de vez en cuando
               a bordo se ve el magnífi co espectáculo de campos en llamas. En una línea
               muy extendida el fuego se adelanta con gran velocidad, crujiendo y crepi-
               tando; las chispas saltan muy para arriba, y masas de humo, iluminadas en
               rojo, se arrastran por encima de todo en fi guras fantásticas. Se escucha
               nítido el crepitar en el silencio de la noche y se siente el calor de la brasa
               hasta incluso a bordo del barco iluminado por las llamas. Por lo general
               estos fuegos se inician intencionalmente, para quemar el pasto alto que se
               secó, con la fi nalidad de obtener un crecimiento fresco y jugoso.
                  Pasando Santa Elena, el magnífi co establecimiento de las fábricas de ex-
               tracto de carne de Kemmerich & Liebig , se llega a la ciudad de Corrientes
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               y poco después a la confl uencia de los dos ríos Paraná y Paraguay. Aban-

               6  Subtítulo: “Con 8 imágenes según dibujos originales, de Karl Oenike”.Trad. Regula
               Rohland Publicado en Über Land und Meer 87/14 (1902): 227-229, con el título “Skizzen
               aus Paraguay”. Aquí se han reducido a 2 las ilustraciones.
               7  Situado en el Paraná, hacia el norte de la provincia de Entre Ríos. Véase sobre esto el
               artículo “…en los saladeros”, aquí pp. 138-145.
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