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ESBOZOS DEL PARAGUAY 121
Iglesia de Altos. Del artículo traducido, p. 229
Tierra adentro y rápida de alcanzar desde la plaza principal, se encuentra
solitaria y muy idílica en la salida de una quebrada, pegada a las onduladas
sierras que se yerguen, una cervecería alemana, la cervecería de Don Pe-
dro, bien conocida por todos los alemanes del Paraguay. Varios caminos
abiertos en el bosque, las picadas, siguen el camino que sube hasta Altos,
un pequeño poblado campestre con las típicas casas bajas y una plaza li-
bre en el medio junto a la iglesia. En el camino el bosque tupido alterna con
claros, que en parte dan abrigo a palmeras o que incluso forman bosques
propiamente dichos de palmeras. Las palmeras pindó se levantan con sus
troncos esbeltos y lisos, entre ellas crecen palmeras de coco mbocayá,
con su tronco más grueso y pinchudo y los frutos pequeños y redondos,
oleaginosos, unidos en racimos como uvas. Es más baja la palmera yatai
con sus hermosas hojas como plumas, cuyo tronco oscuro no llega a más
de dos metros de altura.
Siguiendo el camino hacia Altos pasamos por colonias y por ranchos,
las viviendas primitivas de los paraguayos nativos. Igual de simple como la
construcción, es también el equipamiento de estos ranchos. Se reduce a
los enseres más imprescindibles de la casa. En gran parte los ranchos es-
tán circundados por un “naranjal”. El habitante del campo paraguayo es en
extremo modesto y no muy adicto al trabajo. Alrededor de su rancho solo
planta lo imprescindible, ante todo mandioca, cuya raíz carnosa hace las
veces de nuestras papas; un poco de tabaco y quizás un poco de maíz y

