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124 KARL OENIKE. TRAD. BEATRIZ ROMERO
Muchos me comentaron en Asunción que la colonia estatal para alemanes
San Bernardino era apropiada para permanencias prolongadas y al mismo
tiempo el lugar más hermoso del Paraguay en cuanto al paisaje. La colo-
nia, que se encuentra a unos 40 km. al este de Asunción junto a la laguna
Ypacaraí, fue fundada en 1881 por el presidente de la República a la sa-
zón en el poder, general Bernardino Caballero, y bautizada con su nom-
bre. Decidí establecerme allí por algún tiempo y me encomendé al único
ferrocarril, bastante primitivo, de que disponía Asunción, que une el inte-
rior del territorio aunque imperfectamente con la capital. Las estaciones
más cercanas a la colonia son las de Areguá y Tacuaral. De Areguá parte
un pequeño vapor que comunica con San Bernardino, que se encuentra
del otro lado de la laguna. De la estación Tacuaral, en tanto, se llega a la
colonia a caballo, recorriendo el extremo sudoriental de la laguna. Este
trayecto es en parte muy malo, dado que requiere atravesar pantanos
que en temporadas de lluvias persistentes pueden resultar intransitables
incluso para la carreta de bueyes local, cuyas ruedas sobrepasan la altura
de un hombre.
La población de San Bernardino consiste de su mayor parte en ale-
manes y suizos, cuyos establecimientos están a gran distancia unos de
otros. Esparcidos entre ellos se encuentran los ranchos indígenas. El punto
central de la colonia lo constituye la llamada plaza municipal, junto a la
laguna, donde se asientan las ofi cinas públicas del director de la colonia,
el correo y demás. Una buena hostería, algunas lindas casitas de trabaja-
dores manuales y otros colonos, un par de boliches y algunas mansiones
encantadoras situadas a cierta altura, que pertenecen a comerciantes adi-
nerados de Asunción, se combinan para ofrecer un cuadro de conjunto de
gran atractivo. La laguna Ypacaraí se despliega en el valle ante nosotros,
abarcando una extensión de aproximadamente 20 km de largo por 4 a 5 de
ancho. Las orillas, cubiertas parcialmente con bosques y grupos de árboles
altos y palmeras, se elevan de a poco formando las primeras colinas que
fi nalmente desembocan en una sierra, la Cordillera de Altos.
El punto más atractivo de la Colonia es para todos los alemanes de allá
la “Bierschlucht”, conocida en todo Paraguay. Circundada de montañas
con la más exuberante vegetación, se sitúa, olvidada del mundo e idílica, en
la salida de una quebrada selvática muy romántica una pequeña fábrica de
cerveza alemana. Pertenece a Peter Herken, procedente de la zona del Rin.
Se desarrolló a partir de comienzos muy modestos, primitivos –don Pedro
fue uno de los primeros colonos de San Bernardino–. En el lugar antes des-
poblado se eleva hoy una hermosa fábrica de cerveza de carácter alemán,
la cervecera Bierschlucht. Aquí, en medio de una naturaleza maravillosa,
había abierto mi cuartel general, y paseaba a pie o a caballo, pintando y
cazando el entorno más lejano.
Durante la estadía había conocido en San Bernardino a un joven viajero
austríaco, el doctor Paul Jordan. Realizaba una estadía de un año en el Pa-
raguay con la fi nalidad de estudiar la naturaleza y ya había realizado varios
viajes por el país, que lo habían llevado, entre otros destinos, a la zona de
los indios Guayaquí y hasta el Cerro Tatuy, pero había debido desistir de
subir el cerro por el clima adverso. Ahora, luego de haber tenido durante

