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116 ILSE VON RENTZELL
can en este sentido. Los pocos indios que todavía aparecen en Resistencia en
pequeños grupos de familias o de vez en cuando solos respiran esta pesada
atmósfera cargada de hostilidad. Se les nota que sienten miedo y esto se refleja
en su ceño fruncido. No son meras suposiciones, pues saben que sus hechos
se miden con otra vara que la de los argentinos y que se los juzga según leyes
no asentadas por escrito.
Como animales extraviados, los antiguos dueños de estas planicies se echan,
tímidos, a un lado cuando alguien se les cruza en el camino y venden por pocos
centavos las orquídeas traídas de sus recorridos por los bosques, hoy en vías
de extinción. En sus ojos se enciende una luz humilde cuando les regalan unos
pocos centavos. Barruntan siempre el peligro y continuamente son conscientes
de su impotencia.
Foto: genetileza flía. Wiesemann

