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          can en este sentido. Los pocos indios que todavía aparecen en Resistencia en
          pequeños grupos de familias o de vez en cuando solos respiran esta pesada
          atmósfera cargada de hostilidad. Se les nota que sienten miedo y esto se refleja
          en su ceño fruncido. No son meras suposiciones, pues saben que sus hechos
          se miden con otra vara que la de los argentinos y que se los juzga según leyes
          no asentadas por escrito.
            Como animales extraviados, los antiguos dueños de estas planicies se echan,
          tímidos, a un lado cuando alguien se les cruza en el camino y venden por pocos
          centavos las orquídeas traídas de sus recorridos por los bosques, hoy en vías
          de extinción. En sus ojos se enciende una luz humilde cuando les regalan unos
          pocos centavos. Barruntan siempre el peligro y continuamente son conscientes
          de su impotencia.



















































                               Foto: genetileza flía. Wiesemann
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