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EL CHACO DESPUÉS DE LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL 33
Especialmente la recolección y el desmote del algodón demandaban trabajo
muy intenso. Si era necesario contratar mano de obra adicional, no siempre
disponible , los gastos para estas contrataciones podían arruinar los ingresos
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de la cosecha, especialmente porque los altos precios del algodón de los pri-
meros años ya no se repitieron . Los precios cayeron de 500 pesos por tonelada
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en el año 1920, a 200 pesos en 1921, para luego volver a subir ligeramente .
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En 1925 se cobraban alrededor de 300 pesos por tonelada, con precios sujetos
a grandes fluctuaciones durante el periodo de cosecha . Solo los conocedores
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sabían en qué momento era más rentable la venta de la cosecha. Si, además,
las tormentas, las heladas, la prolongada sequía y las plagas reducían la cosecha
o la destruían por completo, el colono veía amenazada su existencia, a menos
que tuviera reservas del año anterior o no hubiera dependido únicamente del
algodón y hubiera diversificado su cultivo.
Seducidos por los altos precios iniciales del algodón, muchos colonos des-
cuidaron la cría de ganado menor y aves de corral, así como el cultivo de hor-
talizas y frutas para consumo propio y por lo tanto, dependían del almacén del
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pueblo y muchas veces se vieron obligados a pedir adelantos en efectivo y
contraer créditos, a los que no podían hacer frente en caso de una cosecha
desastrosa . Esto podía provocar un rápido y alto endeudamiento, lo que llevaba
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a los afectados a vender sus caballos y animales de trabajo, hipotecar sus per-
tenencias y equipos agrícolas o renunciar a su tierra en la que habían invertido
mucho esfuerzo y dinero. Esto se reflejaba en la construcción del pozo, la
vivienda y en la limpieza y el cercado del terreno. Este valor añadido no solía ser
85 Dependiendo de la distancia a la aldea más cercana, por cada diez kilos de algodón se
pagaban de sesenta a cien centavos a los recolectores. La capacidad media de recolección
diaria de los trabajadores experimentados era de 35 a 40 kg, los no entrenados por lo general
solo llegaban a la mitad. Stichel al AA, 18/6/1923. BArch 1501/101715a. En cuanto al tema recu-
rrente de los peones de la cosecha, sus altas demandas y su rendimiento a veces insuficiente,
que para los colonos de tierras fiscales y privadas a menudo significaron un problema, véase,
por ejemplo "Aus der Baumwollregion. Villa Ángela, 28/7/1924", publicado en el AT 9/8/1924.
86 Las advertencias en los medios de comunicación son numerosas. Un ejemplo puede ser
suficiente para demostrar que incluso después de numerosas experiencias muchos colonos
no aprendieron nada al respecto: "A pesar de todas las advertencias por parte de expertos,
de no sembrar áreas demasiado extensas de algodón, se vuelve a cometer una y otra vez el
mismo error. Una fiebre real se ha extendido; todo el mundo quiere tener pronto varios 'miles'
en las cajas de ahorro. Todavía hay muchos que tienen que experimentar en carne propia que
todo lleva su tiempo" -a.s.- "Aus dem Chaco". AT 12/11/1925.
87 Precios de 1920 y 1921 en Jung (RWA), circular del 4/1/1922, anexo: Merkblatt. BArch R
1501/101715a (v. nota 42 supra).
88 V. por ej. "Aus dem Chaco, Villa Ángela, 14/1/1923", AT 23/1/1923 y "Resistencia, 18/3/1923",
AT 23/3/1923. (Aumento en el precio del algodón de 260 a 300 pesos en enero, en marzo en
el lapso de dos semanas de 350 a 450 pesos). No solo los precios, sino también las réditos
fluctuaron considerablemente: 1925 fue un mal año del algodón, 400 kg/ha en una cosecha
relativamente buena, 200 a 250 kg/ha en una cosecha moderada (v. nota 81 supra).
89 Cuanto menos lluviosa era la zona, es decir, cuanto más al oeste se asentara el colono,
más difícil se hacía el cultivo de frutas y verduras con lo que el día a día se encarecía. DLPZ
14/5/1925 (v. nota 44 supra).
90 Este aspecto fue resaltado por Liechti en el artículo "Aus Charata, 4/5/1923", publicado
en el AT el 8/5/1923.

