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34 HANS KNOLL
debidamente considerado por la persona que se hacía cargo del lote. Dado que
durante mucho tiempo la tierra no era propiedad formal, los colonos no podían
hacer valer ninguna reclamación legal .
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En su mayoría, los propietarios de los almacenes eran al mismo tiempo los
compradores del algodón crudo, es decir, que actuaban como agentes de las
agroindustrias y exportadoras, a las que vendían el producto. Este mecanismo
comenzó con cultivos tradicionales como el maíz y la linaza, donde grandes empre-
sas como Bunge y Born o Dreyfus simplemente extendieron su organización, que
ya tenían funcionando en otras partes de la Argentina, y la transfirieron al Chaco
al negocio del algodón. Así, se fortaleció aún más la relación de dependencia ya
existente entre los pequeños productores y los almaceneros, que tenían una espe-
cie de monopolio sobre los bienes necesarios para el consumo y la explotación .
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Los agricultores se sentían a merced del almacenero, en el caso de estar en
deuda con él, y por lo tanto se veían obligados, tal como se había acordado al
otorgarse el préstamo, de venderle a él (y no al mejor postor o directamente a
los grandes empresarios) su producción con el fin de desendeudarse . De las
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fuentes consultadas no se sabe en qué medida algunas empresas alemanas
participaron también de esta práctica de explotación de los productores de
algodón. Sin embargo, es indiscutible que, por ejemplo, la compañía Industrial
del Chaco, perteneciente al Grupo Stinnes (anteriormente H. Tuerk y Co.), com-
praba grandes cantidades de algodón y a partir de 1923 lo desmotaba en una
desmotadora propia en Resistencia. En el mismo año, la fábrica alemana Nellen,
Tuerk y Co. comenzó a operar en el procesamiento de algodón (AT 23/3/1923).
Al mismo tiempo, Stichel reclamaba en la asamblea anual de la Unión Germánica
en julio de 1923 que el capital alemán no se había invertido en el negocio agrícola
y que en ninguna parte se había perdido tanto la oportunidad como en el Chaco.
"El círculo de aquellos que pueden establecerse se ampliaría, si las empresas
más grandes arrendaran sus tierras" (Der Bund 6/7, julio 1923: 96). Fue precisa-
mente el tema de una mejor rentabilidad para los colonos lo que preocupaba al
ex mayor Alexander von Scheele, delegado de la sección local Charata, en la
asamblea anual de la Unión Germánica para la Argentina en julio de 1922, al
proponer un centro de adquisición de bienes para los colonos con sede en
Buenos Aires. Una instalación de ese tipo no solo reduciría los costos de los
pedidos enviados en tren a Charata y la dependencia de los almaceneros, sino
que además promovería la cohesión de la colonia con la Unión Germánica .
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91 La redacción de Der Bund comentó la carta de un colono que compró los terrenos de dos
inmigrantes que abandonaban el lugar, diciendo: "Estas transacciones siempre están muy por
debajo del valor del trabajo y los costos que han significado". Der Bund 7/4 (abril 1924): 50.
92 Una lista de compras ilustrativa y gastos necesarios para el colono en la hoja informativa
nombrada en nota 42.
93 Para la correcta comprensión, es necesario destacar también la dependencia económica de
los almaceneros, que a pesar de ser jurídicamente independientes de las grandes empresas reci-
bían de ellas los recursos financieros para poder conceder los pequeños préstamos a los colonos.
De modo que tampoco ellos tenían otra opción que vender los productos a su principal prestamista.
94 Der Bund 5/7 (julio 1922): 85. Aunque se autorizó a la junta directiva de la Unión Germánica
a establecer el centro de compras y vincularlo a un punto central de venta, la sugerencia no
prosperó.

