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ESTAMPAS DE LA PAMPA                   111


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               I. El Mirador

               Hará algunos miles de años, un poderoso torrente atravesaba, braman-
               do, la pampa, hoy tan escasa de agua. Nacía en la cordillera, donde el río
               Salado forma actualmente sus lagunas; se internaba en la pampa y vertía
               sus aguas en el mar en un lugar cercano al río Colorado del presente. Pro-
               bablemente los ríos Colorado y Salado sean los restos de aquel caudalo-
               so río. Una demostración de ello son los valles de arena profundamente
               encajonados en el relieve, así como las grandes y pequeñas lagunas que
               se encuentran en la región propiamente dicha de la pampa. Las dos más
               grandes se hallan cerca de Villa Alba . El valle que conserva con mayor
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               nitidez su fisonomía de lecho fluvial es el Maracó grande, donde pueden
               distinguirse  claramente  el  río  principal,  Maracó  Grande,  y  dos  afluentes.
               Uno de estos conforma el valle del Maracó Chico, también llamado valle
               de Epú-Pel; al otro lo volvemos a reconocer en el valle de Hucal. El paraje
               más hermoso del Maracó Grande es, sin duda, el llamado El Mirador, ale-
               jado 6 leguas de la estación Epú-Pel. Se trata de una elevación de unos
               30 metros de alto situada en medio del valle y constituye la extremidad de
               lo que en otros tiempos fuera un formidable banco de arena. La orilla cae
               en pendiente abrupta hacia el fondo del valle del Maracó Grande, que se
               halla a 100 metros o más de profundidad con respecto a la superficie y se
               extiende a lo largo de más de una legua. Allí el cauce originario tiene un
               ancho de 25 a 30 kilómetros. Enormes dunas, otrora bancos de arena, y
               embudos recortados a gran profundidad, sobre los cuales antaño las aguas
               giraban vertiginosamente, pueden darnos una noción, aunque atenuada, de
               lo que fuera el ímpetu arrollador de las aguas. Maracó es un término indíge-
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               na compuesto por mara (liebre)  y co (agua). Significa, por ende, “agua de
               la liebre”. Parece aludir a que aquí el agua, el don que da la vida, se halla a
               nivel tan superficial que una liebre puede llegar a ella con solo escarbar un
               poco. Y, en efecto, mientras los pozos en el llano están a una profundidad
               de 100 metros o más y contienen agua salada, en el valle del Maracó Gran-
               de podemos extraer el agua con la pala; bastará que la hundamos una vez
               en la tierra para que brote agua dulce. Tanto más nos sorprende por ello
               que la estancia El Mirador, situada en el valle mismo, no disponga de un
               pozo propiamente dicho y se conforme con un cajón enterrado en la arena.
               Algunas lagunas pequeñas hacen las veces de bebederos, bienvenidos por
               el ganado. La facilidad para obtener agua dulce hizo del valle del Maracó
               Grande el paraíso de los indígenas. Allá encontraban de todo: praderas

               16    Villa Alba, hoy General San Martín, celebra la Fiesta de la Sal y es desde 2003 capital
               nacional de la sal. (N. de la T.)
               17    Mara: también llamada liebre criolla o patagónica (Dolichotis patagonum), es uno de
               los roedores más grandes del mundo. No pertenece al orden de las verdaderas liebres. Es
               comestible y de piel muy preciada (cf. Sebastián Erize. Diccionario comentado mapuche-
               español. Bahía Blanca: Yepun 1960). (N. de la T.)
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