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106 LUIS FERNANDO RUEZ
Pasaron ocho días en que vivimos exclusivamente a pan seco y agua, has-
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ta que también estos se acabaron. Yo había comprado una bolsa de kéfir , ali-
mento excelente para caballos, una especie de mijo, y comimos sopa de kéfir,
sin sal porque se nos había terminado. Zdenka pasó tres días ayunando hasta
empezar a comer. Habría deseado volver sobre mis pasos, pero no podía dejar
a mi mujer y mis hijos solos en medio de estas tierras desoladas. Todos los
días al alba y antes de anochecer iba de caza. Abundaban los animales salva-
jes, pero era como si nunca hubiese tenido un arma en la mano, porque erraba
todos los tiros. Para no perderme (para el principiante todos los árboles son
iguales) siempre teníamos encendida una gran fogata delante de la puerta. No
sé cuántas veces me orientó de vuelta al hogar. La pampa /220/ en la que nos
habíamos asentado era hermosa y decidimos quedarnos allí. Fue esta fogata la
que un día nos trajo a un mestizo. Vio cuánto esfuerzo nos costaba ir a buscar
el agua y nos mostró un lugar donde la encontraríamos. Estaba muy cerca del
carro, que habíamos transformado en una especie de barraca. Empezamos a
cavar con un bote vacío de mermelada y con cuerdas de [ilegible] que atamos
unas a otras. Al principio yo cavaba y mi mujer y los niños izaban la tierra en el
bote. El pozo llegó a ser vertical, aunque yo no sabía cómo construirlo. A mayor
profundidad comenzó a cavar Zdenka mientras yo subía la tierra, ya que cavar
era menos agotador. Al alcanzar los 6 metros de profundidad encontramos
agua dulce. El agua nunca nos pareció tan deliciosa como en aquella ocasión
en que la extrajimos de nuestro primer pozo. Un día llegó un peón alemán,
vio la miseria en que vivíamos y fue trayéndonos de tanto en tanto batatas y,
en ocasiones, carne. También nos indicó a un vecino que vivía a 3 kilómetros
de distancia, que nos vendió leche, queso y carne a cambio de mercadería.
A partir de allí se inició nuestro ascenso. En quince días habíamos terminado
de construir el pozo, aunque tenía la costumbre de hundirse al menos una vez
por semana por no estar revestido de madera. No solo aquí se sintió la falta
de manos expertas. Después, emprendimos la construcción de la casa. Nos
ayudaron los peones de González, el vecino mencionado, a cambio de un traje
completo con zapatos, camisa y /221/ calzoncillos. Talamos quinientos árbo-
les y arrastramos los troncos hasta la obra con ayuda de los caballos. El 31 de
octubre de 1921 nos mudamos a nuestro nuevo hogar.
Cambiamos joyas, ropa y armas por caballos, arado y provisiones. Tam-
bién reclamaron mis servicios como médico y, como me fue bien con los
primeros casos, no tardé en adquirir renombre. Las consultas se pagaban
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con gallinas, patos, víveres y tortas. También tuve más suerte en la caza
porque ya no me gruñían las tripas cuando salía.
Una de estas salidas de caza casi me costó la vida. Mi mujer y yo llevába-
mos dos días sin comer; los niños habían ingerido el último bocado a la ma-
ñana. Con la caza no había tenido suerte. Volví a salir a la noche. Me arrastré
pegado al suelo bordeando el bosque; de pronto tropecé con algo blando y
9 Kéfir: se trata de sorgo. Con el nombre de kafir es un cereal usado con más frecuencia
en la India y África central. (N. de la T.)
10 Konsulten en el original. Es vocablo inexistente en alemán, derivado por contami-
nación del castellano; consulta + la terminación alemana -en para plurales. Es típico en
alemanes argentinizados usar vocablos en castellano y agregarles desinencias propias de
la gramática alemana. (N. de la T.)

