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           fértiles para el ganado, agua en abundancia y gran cantidad de caza. De
           ahí que hace más de cincuenta años el valle se encontrara habitado por la
           pujante tribu de los puelches , que sumaba varias miles de familias.
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              De la magnificencia pasada de este caudaloso río no quedan más que
           unas pocas lagunas insignificantes, que seducen por sus encantos y atraen
           a los cazadores por albergar pequeñas bandadas de flamencos, patos, y
           aquí y allá algún cisne salvaje. Los orgullosos puelches, otrora tan temidos,
           van a menos, arrinconados detrás del río Salado y reducidos a unas pocas
           familias (véase el artículo del mismo autor en Phoenix ). Los únicos testigos
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           de su presencia que aun quedan son los hallazgos de armas de piedra y
           herramientas en las aguadas de El Mirador.


           II. Aguas termales desconocidas

           En su ulterior transcurso, el Maracó forma una serie de salitrales , la ma-
                                                                   20
           yoría de los cuales solo tiene agua en años lluviosos. Es fácil entender
           cómo se generaron, si tenemos en cuenta que se trata de los tramos más
           profundos del antiguo valle fluvial o de la zona inundada por el río en la
           que se estancaba y finalmente se secaba el agua salada, cubriendo el
           terreno con una costra de sal. Son sobre todo estas zonas inundadas en
           el pasado las que forman hoy los salitrales con mayor contenido de sales
           dado que, al evaporarse el agua, afluía una y otra vez agua salada, hasta
           que el suelo fue formando una costra de sal que en determinados lugares
           alcanza varios metros de altura. Hoy en día, tiempo después de que el río
           que los alimenta modificara su curso, los salitrales no obtienen el agua
           más que de las precipitaciones. El agua de lluvia agota los nutrientes del
           terreno y lo vuelve salitroso.
              El mismo origen que tienen estas lagunas explica por qué coinciden en
           la composición química del agua, y esta coincidencia demuestra, a su vez,
           que su origen es el mismo. No es raro oír opinar que se trata de sedimentos
           de una antigua cuenca marítima, punto de vista al cual no adhiero, preci-
           samente debido a lo que revela el análisis químico del agua de las lagunas.
           Asimismo, la ausencia de fósiles de animales marinos en las lagunas —o
           su presencia a una profundidad que no se puede hacer coincidir con el
           salitral actual— deja en claro que se trata de sal aportada por un curso
           fluvial y no por brazos de mar desecados. El tipo de sales es el mismo en
           casi todas las lagunas y la única diferencia se da en la cantidad. Esta puede
           variar considerablemente de una a otra, no solo en lo que respecta a cada
           laguna, sino dentro de una misma laguna de acuerdo con la época del año,
           cosa fácil de explicar. Su composición química se parece mucho a la de la
           laguna Epecuén en la provincia de Buenos Aires. Por ello, reproduzco el


           18    Puelche: “gente del este”. Así llamaban los indígenas chilenos a los indígenas argenti-
           nos. Apelación exclusivamente geográfica (id.). (N. de la T.)
           19    Referencia al artículo “Sierras Lihuel Calel und die Indianerkolonie «Los Puelches» am
           Río Salado”, Phoenix XIII/5 (1927): 119-140. (N. de la T.)
           20    Se transcriben en bastardillas las palabras que el autor usó en castellano. (N. de la T.)
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