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           interrumpido cuando nos entra agua en la boca o una gota en un ojo; un
           sabor punzante, abrasador, nos recuerda que se trata de agua sulfatada.
           Es frecuente que se produzcan inflamaciones en los ojos. No hay rastros de
           fauna ni flora en esta laguna; contiene sulfato en cantidades muy superiores
           a las de la laguna Epecuén. Tiene efectos terapéuticos favorables sobre el
           reumatismo y ayuda a la curación de eccemas de todo tipo. Ante todo al
           principio, los baños no deberán extenderse por más de diez a quince minu-
           tos; por lo general, basta con cinco minutos. Las personas neurasténicas
           deben ser muy cuidadosas al bañarse en estas aguas y lo mejor sería que
           prescindiesen por entero de ellas, ya que una permanencia demasiado lar-
           ga puede derivar en alteraciones nerviosas, insomnio y demás trastornos.
              Después del baño, trepamos la escarpada pendiente cubiertos por una
           gruesa costra de sal, y agradecemos que la administración haya instalado
           una ducha de agua dulce, que con su potente chorro nos libera de la pi-
           cazón que nos causa el sulfato. Es un grave error dejar que el sulfato per-
           manezca, pues puede producir eccemas difíciles de curar. Los baños, en
           cambio, tienen efectos beneficiosos sobre una serie de eccemas en recién
           nacidos. Nosotros los preparamos en casa con el remanente desecado en
           una solución diluida cuatro veces.
              Hace años que se obtiene el sulfato de la laguna para aplicarlo a la in-
           dustria argentina del vidrio. Actualmente, una nueva fábrica está en vías de
           construcción, pero se mantiene en secreto como si de ella dependiese el
           futuro de toda Sudamérica.


           Laguna Utracán
           Esta laguna se encuentra en una región carente de todo encanto paisajístico
           a 3 kilómetros de la estación Utracán. Ocupa el centro de una pampa ondu-
           lada de unos 1.000 metros de ancho por 3.000 de largo. En la orilla se en-
           cuentran unas casillas de baño más que primitivas, que hasta el momento no
           me arriesgué a utilizar. Tampoco podemos asegurar que estaremos a salvo
           de accidentes si utilizamos la tambaleante pasarela que lleva al agua. Según
           cuánta sea la cantidad de lluvia caída, el espejo de agua estará, sea total-
           mente seco, o a un metro y medio de altura. El contenido de sulfato se acerca
           al de la laguna Epecuén y las personas sanas pueden permanecer largo rato
           en el agua sin perjuicio para la salud. Es desagradable pisar el fondo, lleno de
           piedras salitrosas afiladas, lo que hace aconsejable el uso de calzado apro-
           piado. Las orillas están cubiertas por una espesa capa de lodo y el centro de
           la laguna es arenoso. Utracán es la laguna que prefieren los habitantes de
           General Acha para bañarse, aunque no sea del agrado de todos la hora en
           que la crema de la sociedad achense gusta hacerlo, es decir, a medianoche.
           General Acha se encuentra a 4 leguas de Utracán y el camino oficial hasta
           allí es totalmente intransitable para los coches. De ahí que los dueños de
           las estancias colindantes hayan abierto un camino privado. Esto debe reco-
           nocérseles, tanto más cuanto que se ha eliminado la tarifa de 5 pesos por
           coche. Lamentablemente, el propietario de la laguna aun no ha llevado agua
           dulce hacia allí, aunque le sería posible hacerlo sin grandes gastos, segura-
           mente le autorizarían el cobro de una tarifa moderada, dado que la estancia,
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