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36 HANS KNOLL
Muchas veces se vale de los modos de ver y las interpretaciones de este
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último, utilizando los textos autobiográficos como fuentes de la biografía .
De esta forma la voz del sujeto de la biografía está presente de múltiples
maneras en la narración pretendidamente objetiva del biógrafo. Entre sus
materiales el biógrafo no puede deslindar con total certeza los hechos fren-
te a las formas subjetivas de ver y el juicio del autobiógrafo y ni siquiera
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frente a digresiones y episodios simplemente inventados . Esto no contra-
dice el hecho de que, en muchos casos, en cuanto a lo fáctico-histórico,
sabrá separar el grano de la paja sobre la base de sus conocimientos de la
historia y de un análisis de las intenciones comunicativas del autobiógrafo.
El concepto de intención comunicativa caracteriza, quizá más que cual-
quier otro, la escritura autobiográfica. El autobiógrafo presenta al lector
cierta oferta de comunicación, que este podrá considerar auténtica o que
puede cuestionar, poner en duda o incluso rechazar. Así ya lo ha definido
Pierre Lejeune en 1989 en el marco del pacto autobiográfico que postulaba
entre el productor y el receptor (Knoll 2014: 396). El narrador autobiográfico
se arroga naturalmente la primacía de interpretación sobre lo narrado y está
legitimado narratológicamente, por así decirlo, por su calidad de testigo al
que no se le puede discutir. El contexto de la situación siempre es de su
propiedad. Pero tampoco se cuestiona el hecho de que el qué y el cómo
de lo narrado dependen de su cuándo y por qué, o sea que lo que narra
está condicionado por lo temporal y causal (Depkat 2010: 180). El yo del
texto no es necesariamente idéntico al yo histórico; por el contrario, con
frecuencia el yo que escribe necesita mejorar, suprimir, agregar, corregir
algo; y muchas veces, al escribir, los acontecimientos históricos se olvidan,
se desplazan, se distorsionan o se completan a sabiendas. Todo esto, aun-
que nunca se desconecta totalmente de lo fáctico, puede conducir hasta
la deformación mítica o incluso a una recomposición de la historia. Aunque
se trate de documentos del ego del tiempo narrado del biografiado, como
cartas, diarios u otros escritos cronísticos, o de documentos que se redac-
taron con mayor distancia temporal de los acontecimientos, el biógrafo de-
berá analizar con mucha perspicacia las evidencias, tanto como el carácter
constructivo del material autobiográfico, consultando, si es posible, alguna
documentación suplementaria, más cercana al tiempo narrado.
4 Apoyándose en Ira Bruce Nadel (Biography. Fiction, Fact and Form. Londres y Nueva
York: St. Martin’s Press 1984) y Christian Klein (Handbuch Biographie. Methoden, Tradi-
tionen, Theorien. Stuttgart et al.: Metzler 2009: 199-219), escribe Depkat (2015: 5): “La
narración en este caso siempre se encuentra al servicio de una «buena historia» y se plie-
ga a la necesidad literaria del género de causar dramatismo, clímax, cohesión y closure.
Al crear un mundo narrado, estructurado en tiempo y lugar y habitado por caracteres y
protagonistas, la biografía tiene muchos rasgos en común con el género de la novela”.
5 Según Bernhard Fetz (Die Biographie. Zur Grundlegung ihrer Theorie. Berlín 2009: 53,
59), la “relación entre evidencia y construcción” es el “meollo” de la discusión teórica ac-
tual, que por esta misma razón debe debatir casi necesariamente con las consideraciones
teóricas de la narración. Citado en Depkat (2015: 5). Véase una introducción excelente a la
problemática desde el punto de vista de la historia de las migraciones en Harders (2018:
especialmente 19s.).

