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           Intenciones comunicativas

           Es significativo que tanto la introducción redaccional de la revista Süda-
           merika como la retrospectiva autobiográfica de Ruez de 1955 comienzan
           con el tópico de la veracidad, conocido de muchas narraciones en primera
           persona, como si hubieran tenido que despejar cualquier posible duda en
           cuanto a la autenticidad de lo narrado. Tanto el editor remarca que lo na-
           rrado es “cierto en todo su contenido” (Ruez 1955: 499; “Comienzo”: 119 )
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           como también el yo narrador al decir que, porque siguen en vida algunos
           testigos, debe “atenerme a la verdad” (id.). ¿Por qué se duplicaría esta afir-
           mación? Debe ser por la razón del género: sin cuestionar el hecho de que
           la narración posee una firme vertebración autobiográfica, mi impresión es
           que mediante su narración el autor realiza tres propósitos centrales. En pri-
           mer lugar, y es quizá el más importante, quiere contar una aventura, vivida
           por él como protagonista, que se nutra del modelo de las vivencias de las
           aventuras del salvaje oeste. Este tipo de sujetos ya se fueron repitiendo en
           siempre nuevas variantes durante la década de 1920, pero aún más en la
           industria fílmica sobre el “lejano oeste” de los años 40 y 50. Ello implica el
           manejo rápido del arma de fuego y el hecho de que el héroe se encuentre
           con estafadores y malandras, con “indios” y cuatreros, la ausencia de ley
           y orden, la resistencia victoriosa ante peligros físicos, la dura lucha por la
           existencia. Pero a esto se agregan facetas positivas como la vida prístina y
           originaria del ser humano en el seno de la naturaleza, lejos de toda civiliza-
           ción y posibilidad de un nuevo comienzo. Ruez no es el primer, ni mucho
           menos el único, conocedor del Chaco que realizó esta comparación con el
           salvaje oeste de Norteamérica . El lector, que desde luego ha conocido por
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           la literatura y los films las historias del lejano oeste, debía, por supuesto, ser
           entretenido, y el valor de entretenimiento era aún más asegurado cuanto
           más suspenso lograba conferir a la aventura y cuanto más auténtica se veía
           esta aventura.
              Lo segundo es que quería dar noticia sobre un lugar que durante cierto
           lapso de tiempo fue poco conocido, incluso para el culto público lector en
           la Argentina y mucho menos para los potenciales receptores en Europa. La
           narración de 1955 por ello contiene muchos detalles acerca de la geografía
           y el clima, la fauna y la flora, la topografía y la antropología, sobre las cos-
           tumbres locales, sobre la edificación usual, sobre la caza, etc., en el Chaco,

           estudiante pasante, Hugo Schanderl: “Warum ich den Chaco verliess” (“Por qué me fui
           del Chaco”). Adjunto a Blücher al Auswärtiges Amt (Ministerio de Relaciones Exteriores),
           29/12/1927. PAAA, Embajada Buenos Aires, paquete 70-4. El mismo fascículo contiene
           el texto en forma revisada y ampliada como impreso del gobierno, que tomamos como
           referencia. Las experiencias de Schanderl con puesteros locales y su evaluación de los
           resultados de la mensura se pueden comparar con los pasajes correspondientes en una
           de las cartas de lectores de Ruez y en la Crónica de familia. Se verá más adelante una
           comparación de las experiencias de Schanderl.
           7    Se remite primero al texto alemán y luego a su traducción en este Cuaderno.
           8    Algunos ejemplos en Knoll (2020: 15s.) (ante todo me baso en el exhaustivo informe de
           Albert Haas, el sucesor de Stichel, sobre su viaje a través del Chaco, 15 de mayo-1 de
           junio de 1925. PAAA, Embajada Buenos Aires, paquete 70, y Ernst Ecker: “Argentinische
           Nationalterritorien”. AT 1 de enero de 1925).
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