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           brindando servicios médicos a la población  fue descartada por él, porque
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           no llegaban pacientes a su consultorio. Después de una semana ya decidió
           asentarse en un lugar de tierra fiscal que estaba desocupado y al que había
           escogido, a 10 kilómetros de distancia del pueblo. Una mala jugada del
           charlatán holandés, que deseaba vengarse contra el médico rival, lo hizo
           secuestrar y abandonar con sus voluminosos bultos a 60 kilómetros hacia
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           el norte, en dirección a Pampa del Infierno , donde él y su familia por poco
           se habrían muerto, si no fuera porque encontraron a vecinos asentados en
           la cercanía. Entre estos había un puestero y sus peones que, a cambio de
           mercancías de su equipaje, lo abastecieron con víveres y le ayudaron en la
           edificación de su casa. El 31 de octubre de 1921, o sea, cuatro semanas
           después de salir de Charata, la familia pudo mudarse a una casa sólida
           de varios ambientes, edificada según la usanza local. Él y su mujer habían
           cavado un primer pozo de agua dulce, que siempre volvía a derrumbarse.
           Este pozo luego fue reemplazado por otro construido por un profesional.
              Al adquirir caballos y un arado a cambio de pertenencias que había traí-
           do de Alemania, y ante todo con la ayuda de sus vecinos, comenzaron Ruez
           y su familia, igual que muchos otros colonos en el Chaco, a trabajar la tierra.
           En el comienzo, por cierto, dependían del trueque con las pertenencias
           traídas, de la caza y de ingresos que Ruez lograba gracias a su actividad
           médica, que por lo general se remuneraba en especie. Los pacientes de
           Ruez abarcaban tanto a nativos como a colonos de diversa procedencia a
           quienes o bien recibía en su residencia o iba a visitar a caballo en el amplio
           entorno.
              Ésta era precisamente la razón por la que en febrero de 1923 vendió
           su propiedad por 500 pesos a un alemán recién llegado: quería estar más
           cerca de sus pacientes, que se concentraban en Charata y que entre tanto
           habían aumentado visiblemente, también en el entorno cercano al pueblo.
           Por esto tomó en posesión una granja que todavía quedaba libre, a 6 ki-
           lómetros del lugar. En marzo, o sea poco después de mudarse allí, su hijo
           Ludwig fue herido de muerte por una patada de caballo. La muerte del niño
           fue un golpe terrible para él y no le resultó posible quedarse en esa casa.
           Compró en Charata una quinta de 8 hectáreas y ganaba su dinero con el
           cultivo de algodón —obtuvo en 1923 una ganancia neta de 5.000 pesos—
           y con los ingresos de su consulta médica. En 1922 se había inscripto, con
           apoyo de algunos pobladores, para pedir en el Departamento Nacional de
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           Higiene un permiso para ejercer la actividad médica . El 5 de septiembre

           11    Ya en su edición del 1/4/1921 el Boletín de la Secretaría Imperial de Migraciones,
           Nachrichtenblatt des Reichswanderungsamts (p. 147), había mencionado que la atención
           médica en Charata estaba a cargo de un curandero holandés.
           12    Lazzari y Nigg (2020: 200-201) no parecen tomar en serio la afirmación de Ruez, pre-
           sente tanto en la  Crónica  de  familia  como  también  en  la  narración  autobiográfica,  de
           haber sido secuestrado hacia el norte. Sin mayores explicaciones suponen que Ruez se
           habría asentado en el terreno de 1.000 hectáreas que había adquirido como socio. Ningu-
           na de las dos fuentes autobiográficas apoya esta teoría.
           13    Para aclarar los hechos es valiosa una nota de Liechti en el AT 1//6/1923, que confirma
           que Ruez se había instalado “hace un año” en Charata. Según Liechti, fue perseguido tan-
           to por un médico argentino, que ya se había asentado, como también “de todas formas
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