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42 HANS KNOLL
506; “Comienzo”: 106-107) e incluso la figura burlesca del oficial ruso, sin
embargo, parecen haberse introducido intencionalmente en su mayor parte
por invención libre, en aras de componer una historia de suspenso. Son
muy estereotipados los gestos y la forma de expresarse del ruso y es muy
construida la fábula, como también el hecho de que el ruso vuelva junto con
el carrero engañador después de la fuga de este y que le hubiera forzado a
confesar su culpa con la pistola preparada (Ruez 1955: 509; “Comienzo”:
134-135). El hecho de que el cuento se vale muchas veces del diálogo
directo, lo que realza naturalmente la vivacidad y el dramatismo de lo narra-
do, tiene más que ver con el género novelístico que con una autobiografía
que intenta presentar lo fáctico. También parece exagerada la escena con
el curandero, que intervino en la primera acción como médico de Ruez, al
tratar a la esposa del hostelero (Ruez 1955: 501; “Comienzo”: 122-123).
También parece poco creíble que Ruez y otros tres grupos familiares, entre
los que se encontraba el individuo ruso, antes de tomar posesión de un lote
de tierra de un total de 1000 hectáreas hayan remunerado con apenas 100
pesos a quien tenía ocupado hasta ese momento la tierra y que al comienzo
había pedido 600 pesos (Ruez 1955: 500; “Comienzo”: 122). Es curioso que
después no se hable más de las otras familias y de la compra en común.
Aún más, se aclara la intención escritural a través de las reflexiones e in-
terpretaciones del autor, que en el texto autobiográfico de Ruez se sitúa en
el límite entre fact y ficción: la loa que entona acerca de la “felicidad del ser
humano” (Ruez 1955: 510; “Comienzo”: 136), de la vida simple en la selva
(Wildnis); el idilio que dibuja de la comunidad con los “indios, mestizos, gau-
chos y cuatreros” (id.), la hospitalidad como “la hospitalidad espontánea y
cálida propia de los nativos, que nunca resulta cargosa ni inoportuna” (Ruez
1955: 507; “Comienzo”: 132). Todas estas autorreferencias y testimonios
externos no pueden verificarse en otros documentos con mayor valor testi-
monial. En estos, y sin duda basado en sus experiencias personales, habla
de que fundar en el Chaco una existencia como colono, sin tener experien-
cias previas en la profesión y de estar en punto cero, es “un fraudulento jue-
go de azar, que pone en juego la salud y el bienestar de la familia en forma
irresponsable” . En especial los alemanes sin conocimientos del idioma
17
nacional son una “fácil presa para gente del lugar y congéneres”. Hay que
mencionar aquí que Ruez poseía al momento de su llegada al menos co-
nocimientos rudimentarios del castellano. Quizá exagera a sabiendas para
dar mayor peso a sus consejos, cuando dice: “ni uno de aquellos alemanes
que llegaron hace años sin medios a este lugar ha alcanzado hasta ahora
el bienestar, incluso los más de ellos están forzados a llevar una vida que
está muy por debajo del nivel de vida de un perro” . También desaconseja
18
17 Solicitada del doctor Ruez: “Eingesandt. Welche Kapitalien sind nötig, um sich in Cha-
rata anzusiedeln?”. AT 8/12/1923. Las citas que siguen en este párrafo se extraen de esta
misma carta de lectores.
18 Schanderl escribe con igual pesimismo, véase nota 6: adjunto a Blücher al Auswärti-
ges Amt (AA), 29/12/1927: “Se observa en todos lados que a la larga la miseria económi-
ca, las circunstancias de vida apretada producen en los alemanes del exterior cambios
espirituales. Me animo a afirmar que los hijos y nietos de colonos alemanes del Chaco, si
permanecen allí, sin culpa propia se hunden en un proletariado analfabeto”.

