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           plo, en Esperanza estas concesiones tienen un ancho de 600 y un largo de
           750 varas (515 y 645 metros respectivamente); en San Carlos, alternando
           450 por mil o 500 por 900 varas (387 por 860, o sea 430 por 774 metros).
           A primera vista, una fi nca de este tamaño es, según conceptos europeos,
           muy grande. Sin embargo, la experiencia muestra que allá apenas es su-
           fi ciente para una familia activa que practica la agricultura, ni pensar en la
           crianza de animales, y que casi todas las familias más prósperas, después
           de transcurridos unos años, sienten la necesidad de ampliar sus tierras.
           Al instalar la Colonia San Carlos esto se tomó en cuenta y entre cada dos
           concesiones que se asignaban se dejó libre una, que más tarde podía com-
           prar el colindante a preferencia de otros interesados. Esta organización no
           solo tuvo éxito, sino que incluso se mostró insufi ciente, ya que muchos de
           los colonos más antiguos hoy no solo poseen la más cercana, sino además
           varias /32/ otras [concesiones vecinas], o han adquirido cerca de la colonia
           terrenos de tamaño menor o mayor. La propiedad de las 178 familias que
           ahora residen allí se compone en total de 392 concesiones, de modo que el
           porcentaje es de más de dos concesiones por familia. Esto se explica fácil-
           mente si consideramos que cada colono activo siembra por año un mínimo
           de 40 a 50 jucharten [de trigo] y que algunas familias llegan a unas 80 a 100,
           ya que el trigo no se cultiva en el mismo suelo dos años seguidos, tanto
           más en vista de que todo el mundo también quiere plantar maíz y otros pro-
           ductos. En lo que concierne al pastoreo del ganado, está previsto por parte
           del gobierno que a cada colonia corresponda una zona conveniente como
           bien común para esta fi nalidad.
              Las viviendas de los colonos al comienzo eran muy simples: meros ran-
           chos hechos de motas de tierra , arcilla o adobe, con techo de paja, una
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           puerta y un postigo en las ventanas. Con el tiempo, empero, los colonos
           han edifi cado casas buenas y cómodas, hechas de ladrillos, con varios
           cuartos y ambientes, con pisos de planchas de madera o de piedra, con
           buenas puertas y ventanas, con chimeneas para calentar en invierno, y con
           techos sólidos de ladrillos. Todas estas casas son de un solo piso, pero
           pese a ello son muy espaciosas, dado que no hay que economizar el espa-
           cio. Los edifi cios suelen formar un cuadrado alrededor de un patio en cuyo
           centro se encuentra el pozo. Cerca de la vivienda se encuentra el llamado
           corral, o sea, un espacio rodeado de postes fuertes en el que se encierra
           de noche el ganado. Las familias más acomodadas poseen, además, por
           lo menos para las vacas lecheras y los animales de labranza, un galpón
           techado. Al lado de la casa se extiende la huerta, cerrada por muros, que
           muchas veces se adorna de fl ores, y la casa está rodeada de una planta-
           ción de árboles muchas veces muy extendida. Esta consiste ante todo de
           árboles frutales, principalmente durazneros, pero no se excluyen forestales

           34  Erdmotten: no encontramos esta acepción en los diccionarios consultados, ni siquiera
           en el Grimm, parece que se refi ere a bultos de tierra. La palabra ocurre con el sentido de
           “Bärenschote”, una planta de forraje usual en Europa pero aquí se refi ere evidentemente
           al barro con el que los criollos construyen sus ranchos. Pero podría ser un calco del cas-
           tellano, ya que el Diccionario de la Real Academia tiene entre las defi niciones de “mota”
           la siguiente: “Pella [masa que se une y se aprieta] de tierra con que se cierra o ataja el
           paso del agua en una acequia”.
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