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66 KARL BECK BERNARD
plo, en Esperanza estas concesiones tienen un ancho de 600 y un largo de
750 varas (515 y 645 metros respectivamente); en San Carlos, alternando
450 por mil o 500 por 900 varas (387 por 860, o sea 430 por 774 metros).
A primera vista, una fi nca de este tamaño es, según conceptos europeos,
muy grande. Sin embargo, la experiencia muestra que allá apenas es su-
fi ciente para una familia activa que practica la agricultura, ni pensar en la
crianza de animales, y que casi todas las familias más prósperas, después
de transcurridos unos años, sienten la necesidad de ampliar sus tierras.
Al instalar la Colonia San Carlos esto se tomó en cuenta y entre cada dos
concesiones que se asignaban se dejó libre una, que más tarde podía com-
prar el colindante a preferencia de otros interesados. Esta organización no
solo tuvo éxito, sino que incluso se mostró insufi ciente, ya que muchos de
los colonos más antiguos hoy no solo poseen la más cercana, sino además
varias /32/ otras [concesiones vecinas], o han adquirido cerca de la colonia
terrenos de tamaño menor o mayor. La propiedad de las 178 familias que
ahora residen allí se compone en total de 392 concesiones, de modo que el
porcentaje es de más de dos concesiones por familia. Esto se explica fácil-
mente si consideramos que cada colono activo siembra por año un mínimo
de 40 a 50 jucharten [de trigo] y que algunas familias llegan a unas 80 a 100,
ya que el trigo no se cultiva en el mismo suelo dos años seguidos, tanto
más en vista de que todo el mundo también quiere plantar maíz y otros pro-
ductos. En lo que concierne al pastoreo del ganado, está previsto por parte
del gobierno que a cada colonia corresponda una zona conveniente como
bien común para esta fi nalidad.
Las viviendas de los colonos al comienzo eran muy simples: meros ran-
chos hechos de motas de tierra , arcilla o adobe, con techo de paja, una
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puerta y un postigo en las ventanas. Con el tiempo, empero, los colonos
han edifi cado casas buenas y cómodas, hechas de ladrillos, con varios
cuartos y ambientes, con pisos de planchas de madera o de piedra, con
buenas puertas y ventanas, con chimeneas para calentar en invierno, y con
techos sólidos de ladrillos. Todas estas casas son de un solo piso, pero
pese a ello son muy espaciosas, dado que no hay que economizar el espa-
cio. Los edifi cios suelen formar un cuadrado alrededor de un patio en cuyo
centro se encuentra el pozo. Cerca de la vivienda se encuentra el llamado
corral, o sea, un espacio rodeado de postes fuertes en el que se encierra
de noche el ganado. Las familias más acomodadas poseen, además, por
lo menos para las vacas lecheras y los animales de labranza, un galpón
techado. Al lado de la casa se extiende la huerta, cerrada por muros, que
muchas veces se adorna de fl ores, y la casa está rodeada de una planta-
ción de árboles muchas veces muy extendida. Esta consiste ante todo de
árboles frutales, principalmente durazneros, pero no se excluyen forestales
34 Erdmotten: no encontramos esta acepción en los diccionarios consultados, ni siquiera
en el Grimm, parece que se refi ere a bultos de tierra. La palabra ocurre con el sentido de
“Bärenschote”, una planta de forraje usual en Europa pero aquí se refi ere evidentemente
al barro con el que los criollos construyen sus ranchos. Pero podría ser un calco del cas-
tellano, ya que el Diccionario de la Real Academia tiene entre las defi niciones de “mota”
la siguiente: “Pella [masa que se une y se aprieta] de tierra con que se cierra o ataja el
paso del agua en una acequia”.

