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70 KARL BECK BERNARD
extranjeros en tanto tales, y además tienen mucho respeto por las armas de
fuego, de las que saben que los colonos las manejan muy bien. Su avidez
de rapiña es peligrosa para las estancias, en las que en extensiones de va-
rias leguas se mueven grandes rebaños de animales y hay pocos hombres
que los cuidan y vigilan. Pero no lo son para las colonias, en las que, por el
contrario, están juntas muchas personas y los animales están repartidos en
pequeños rebaños que se recogen de noche.
Además de las colonias agrarias, en los últimos tiempos se establecie-
ron varias colonias de ingleses criadores de animales. Toda la parte austral
de Entre Ríos puede considerarse una sola colonia porque allá linda una es-
tancia inglesa con la siguiente sin que estén formando grupos propiamente
dichos. En la provincia de Córdoba, cerca de la estación a medio camino
entre Rosario y Córdoba, en un lugar llamado Fraile Muerto [hoy Bell Ville],
surgió desde 1865 una colonia bastante numerosa y muy esperanzadora
de jóvenes ingleses que han comprado parcelas más grandes del gobierno
y comenzaron allí con la crianza de ovinos y vacunos. En la provincia de
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Santa Fe existen asentamientos similares, en los lugares llamados Totoras
y [Fortín] Romero, y también en las proximidades de Coronda. Estos cria-
dores ingleses además de a poco están interesándose por la agricultura, y
para comenzar han sembrado plantas de pastoreo para mejorar la crianza,
y poco a poco también plantan otros productos.
X. La agricultura y la crianza de animales de los colonos
Mientras que en los Estados Unidos, en Brasil y en general en casi todos
los países que recién se están colonizando, para poder hacer posible la
siembra de cualquier producto se deben talar durante años los bosques
y desmalezar yuyos de todo tipo, el campo de la República Argentina no
presenta mayores trabajos para ser cultivado más allá de lo que en Europa
se realiza para transformar un prado cultivado artifi cialmente a tierra arable.
Alcanza, para sembrar un campo, un buen arado con sufi ciente fuerza de
tiro, y este no se tropieza con piedras ni raíces duras ni con /37/ obstáculo
alguno. El arado siempre es uncido con bueyes, porque la fuerza de tiro de
los caballos se ha mostrado menos apta para esta labor, puesto que por
regla general hay que arar profundo. Para romper la tierra virgen natural,
siempre hacen falta cuatro bueyes, en campos cultivados alcanzan dos
de ellos. Los bueyes tiran en yugos que se atan con tientos detrás de los
cuernos. Para no cansar demasiado a los animales se utilizan las horas de
la mañana y de la tarde para el trabajo, haciéndolos descansar durante el
mediodía.
El cultivo más importante y más rendidor para el colono es el de trigo.
Se lo produce con mayor provecho en tierra cultivada que se ara tres veces,
a saber, en septiembre u octubre, luego en febrero o marzo, y fi nalmente
37 No se pudo identifi car a qué paraje se refi ere. La actual ciudad de Totoras de la pro-
vincia de Santa Fe queda bastante más al sur del Fortín Romero, y tomó su nombre de la
Cañada de las Totoras.

